Publicidad:
La Coctelera

Variopinto

De esto y de lo otro

12 Abril 2008

Diario de Yoga

03-04-08

“Shower” Yoga

José Manuel Ruiz Regil

La desvelada estuvo fuerte. Tantas actividades a veces nos ocupan más del tiempo que quisiéramos o que podríamos dedicarles. Si quieres tener una idea de lo que digo, ve a la categoría de “Crónica” de este blog y te enterarás. En diez minutos tengo que estar en la oficina. Es obvio que llegaré tarde. Pero no omitiré mi práctica. Aunque sea en la ducha.

En estos casos el agua tibia funciona como calentamiento pasivo. Los dedos de mis pies tamborilean sobre el piso mojado. Me estiro plantado en el mosaico que simula gotas de agua en diferentes tonalidades de verde. Tenso las piernas, las nalgas, elevo la espalda, los hombros, el cuello, los brazos y... casi, toco el techo. Ahora bajo hasta tocar los dedos de mis pies con la punta de los dedos de las manos. El chorro de agua cae sobre mi espalda. Flexiono las rodillas, pegándolas al pecho. Me observo unos segundos. Sé que tengo prisa. Pero también quiero darme esta atención. Me acomodo en cuclillas, apoyados los pies sobre los metatarsos. Mantengo el equilibrio con los brazos por encima de la cabeza y luego los bajo al tiempo que giro hacia la izquierda y hago una llave entre mis piernas y los brazos, para enfatizar una torsión. Ah!. Suelto. Hago lo mismo del otro lado. Sé que uno de los Yamas del Yoga es “no matar”, es decir, la no violencia. Me remuerde un poco el hecho de desperdiciar tanta agua mientras me estiro. Así es que me levanto y me enjabono. Experimento una nueva sensación tan agradable al intentar una especie de Prasarita Trikonásana apoyado en la pared de la regadera (cuidado con los resbalones). Verdaderamente, después de ciertos kilos uno comienza a desbordarse y estos ejercicios funcionan como excelentes contenedores. Vuelven todo a su lugar, por dentro y por fuera. Esta postura es un triángulo revolvente. Orale! ¿Qué es eso? Separa las piernas. En el caso de mi regadera la abertura es precisa. Ni mucha ni poca. Supongamos que empiezas poniendo la pierna derecha hacia delante. Es decir que tu cadera derecha estará pegada a la pared. La pierna izquierda irá hacia atrás. Ahora, en vez de que al abrir tus brazos tu espalda quede pegada a la pared, lo haces de tal forma que sea le pecho y que sea el brazo izquierdo el que haga contraparte. Lo mismo puedes hacer girando al otro lado. Lo que te cuento no hay llevado más de tres minutos.

Me acerco a la pared y estiro los brazos lo más arriba que puedo. Doy dos pasos hacia atrás y acciono el mecanismo de “Perro boca abajo” Adho Mukha Svanasana en vertical. Es decir que estiro los brazos y la espalda y proyecto la cadera hacia atrás y arriba. Aquí sí, permito que le agua relaje mis músculos y termine de quitarme la espuma de la piel. Para terminar, cierro la llave de agua caliente y me someto al rigor del agua fría. 1,2,3,4,5... segundos. Listo!!

servido por jmrr sin comentarios compártelo

12 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

02-04-08

José Manuel Ruiz Regil

Estoy convencido de que la mejor manera de enfrentar este calor contemporáneo y el estrés burocrático es a través del balance energético que facilita la práctica cotidiana del Yoga. Uno no hace Yoga ni medita. Se ejercita en una gimnasia consciente y practica la alerta relajada para que el Yoga (la unión de los opuestos) se dé, y la conciencia de sí, aparezca con más frecuencia, gracias a la disposición que queda en el organismo para advertirlo.

Una de las formas más completas desde el calentamiento hasta los estiramientos máximos pueden darse bajo la estructura de esta serie. Suria Namascar. Saludo al sol. El reconocimiento de uno mismo, de su sol interior, de su centro.

1.-Tadasana. La montaña. Contemplación de uno mismo. Balance de la respiración. Mirada fija en un punto al frente. Equilibrio. Los pies paralelos alineados a la cadera y hombros. Cuello estirado. Construyendo imaginariamente la línea recta que va del cóccix a la coronilla. Percibiendo el balance de los opuestos: arriba-abajo, adelante-atrás, izquierda-derecha. Elevo los brazos por encima de la cabeza, flexiono el torso hacia delante con la espalda recta y bajo hasta tocar los pies.

2.-Uttanasana. Máxima flexión al frente. Estiro las piernas. Lanzo la cadera hacia arriba. Bajo la cabeza. Me percibo ahí unos segundos, haciendo los ajustes propios de la respiración. Posiciono las manos con los dedos separados al frente, sobre el tapete. Lanzo la pierna izquierda hacia atrás y formo la

3.-Postura del corredor. Busco que mi rodilla no rebase los noventa grados, que la espalda esté lo suficientemente erguida, que las cadera quede nivelada y la pierna derecha tensa, apoyado el pie en los metatarsos. Extiendo la pierna derecha y ajusto mis brazos. Tenso torso y piernas y proyecto el pecho entre los hombros. Adopto la postura de

4.- Plancha, Tenso espalda, pecho, abdomen, piernas. Transición hacia

5.- Adho Mukha Svanasana. Perro boca abajo. Extiendo los brazos, bajo los hombros y la cabeza. Estiro la espalda y elevo la cadera. Flexiono las rodillas, sólo para saber hasta dónde puedo llevar mi espalda. Una vez ahí, extiendo las piernas y ajusto los pies con los talones ligeramente hacia fuera. Inhalo y al exhalar empujo con las manos hacia el frente presionando aun más la espalda. Un delicioso estiramiento que relaja la tensión de la espalda provocada por pasar tanto tiempo sentado, y la parte posterior de las piernas. Aprovecho el momento de exhalar para moverme hacia la siguiente postura. Proyecto el torso hacia el frente, me apoyo en los empeines y hago

6..- Udha Mukha Svanasana. Perro boca arriba. Esta postura estimula el sistema nervioso y tonifica los riñones, promoviendo el flujo de energía hacia el organismo. Se parece mucho a la cobra. La diferencia está en que aquí se curva todo el cuerpo hacia atrás sin tocar el piso y con el único apoyo de los empeines y las palmas de las manos. Regreso a Plancha y llevo hacia el frente la misma pierna con la que empecé, para formar nuevamente la postura del corredor, pasar por Uttanasana y, flexionando las piernas y elevando recta la espalda, alzando los brazos por atrás de la cabeza para terminar la mitad del ciclo con las palmas juntas frente a pecho en actitud de Namasté

Repito el movimiento por el otro lado.

He practicado esta serie un par de días controlando mi imaginación y mis ganas de ligarlas con otras posturas, haciendo una danza deliciosa. Creo que vale la pena afianzar bien esta serie y una vez llevada a máximo, incorporar otros movimientos.

Cuando aprendí a hacer esta serie la maestra dijo que tenía que hacerse 108 veces. ¿¡Qué!?, -dijimos todos. Se supone que en el Yoga Sutra de Patanjali está esa indicación, pues es el número de especies animales que hay en la tierra. Imagino que habrá aumentado unos cuantos cientos desde tiempos del Gurú. No lo sé. Lo cierto es que prefiero contar el ejercicio en minutos que por veces, al menos este. Así es que me sumerjo en una sesión de 30 ó 35 minutos de Salutaciones. Esto genera mucho fuego. ¡Oh, sí!

Para concretar la práctica y comenzar a descender el calor, adopto la postura de

6.- Paschimotanasana. Flexión hacia el frente. Me apoyo con la cuerda una vez, dos veces. Luego paso a

7.- Janu Sirsasana. Dos veces por cada lado. En cada ocasión trabajo alargando los músculos de la espalda y tratando de llevar el pecho a las rodillas (no sé qué hacer con esta panza). Finalmente, luego de un par de torsiones de cocodrilo como he indicado en sesiones anteriores, paso a

8.- Savasana. La postura del muerto. Relajo el cuerpo. Suelto tensiones, preocupaciones, y me concentro en la respiración. Luego de tres o cinco minutos en los que he acompañado el ritmo de mi respiración hacia el vals, me incorporo suavemente, cuzo mis pies en Sukhasana y doy gracias, Namasté.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

12 Abril 2008

Miércoles itinerantes de poesía

2do. Miércoles itinerante de poesía en Café Hexen (Dentro de Casa de Mora)

02-04-08

José Manuel Ruiz Regil

Esta suerte de foros contenidos en otros foros a manera de matrushkas escenográficas está resultando interesante. La lectura de poesía en el Teatro de Café Héxen, comparte sus aplausos con el sonido del bandoneón de la clase de Tango en La Carpa. Al mismo tiempo se ensaya una obra en el teatrito “Tespis”, mientras se prepara otro espectáculo en foro del café Bagdad. La cafetería interior ofrece unos pasteles deliciosos que van muy bien con las infusiones de afuera. Todo rodeado de libros, antigüedades, repisas, espejos, mesas de las que cuelga, como en bazar, una etiqueta en blanco abierta al regateo.

En medio de este colorido de telones y las luces ámbar y esmeralda propias de la escena, la pintura de Felipe Gaytán preludia, transludia y posludia lo que será palabra en voz de los poetas. Habíamos visto “Yo nací un día que Dios estaba enfermo II” (II porque el primero es Vallejo) la semana pasada. Esta vez la paleta del artista combina ocres, jade y barriobajo para dar vida a una escena en la que tres personajes masculinos juegan con sus miembros erectos, dejando claro, en el más explícito discurso machista, quien manda. Y por si fuera poco, el título de la obra lo constata: “Armas peligrosas”. (al INEGI me remito).

Con esta atmósfera de autoafirmación de lo chingón abre la noche Mario Dux. Su poesía no sugiere, ordena; no concilia, arrebata. De pie ante el atril repasa sus hojas. Revive los instantes del reclamo. Encarna la resistencia. La sombra del padre Burroghs lo acompaña, como lo hacía en los cafés donde el verso levantaba lo que la guerra había tirado. La sensación de desamparo es la misma. Sólo ha cambiado el escenario. Su locución es iluminada a ratos por ese medio tono entre el panfleto y el predicador, y de pronto es visitado por el Morrison de Horse Latitudes. Dux canta al amor, a la boca seca, a la ausencia siempre presente aún en medio de la bola.

Lo sigue Mario Hernando de Alarcón, quien con una actitud tímida ante el micrófono y ausente del público arregla sus textos por orden de desaparición. Poesía experimental de tintes creacionistas, cuya musicalidad compensa la lectura introspectiva, y va como gasa flotante, arrebolándose en el cuello de los asistentes, subiendo, subiendo en espiral para bajar a ras de piso y elevarse nuevamente y, quizás, volver al remolino de palabras y silencios para construir más tarde un cerro de terrazas, como aquellas donde nace y se cultiva el arroz en oriente. Poema sin su piso. Cielo abierto. Habría que saber que el poeta es políglota y que no se conforma con saber de lenguas romances, caucásicas o dravídicas, sino que además, se ve en la necesidad de crear un lenguaje con el que nos deja una música sonante y despide su intervención.

“Mi padrino Fernando era puñalón” de Ricardo Guzmán, un verdadero homenaje a la escisión entre fondo y forma. Picaresca ajustada con corsé a los metros clásicos. Alburerías machistas de logrado efectismo muy a tono con la obra plástica de la noche. El versificador se confiesa “pepófilo”, (amante de la pepa) como si no hubieran desfilado por el podio suficentes, sólo que ninguno había usado la prosa para hacer poesía, y viceversa. “Wilebalda la insoplable” cosifica a la mujer, con tal descaro que la misma lo agradece. Y así como le gusta al macho pragmático hablar de sus conquistas, en vez de decir aquí nomás mis chicharrones truenan, mira de reojo al cuadro y grita: “¡Ai les va la de hacer gente!”

Noche de tolerancia. Diversidad hecha palabras. Equilibrio perfecto entre el delirio revolucionario de Mario Dux y la procacidad disfrazada de Ricardo Guzmán, quienes encuentran un punto de contacto en el viaje interior de Hernando de Alarcón. Una muestra más de que existen tantas poéticas como individuos, y que ninguna pesa sobre otra. Todas conviven en los miércoles de poesía itinerante de VersodestierrO.

Hasta la próxima.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

8 Abril 2008

Poesía Conejo blanco

Conejo blanco

30-03-08

José Manuel Ruiz Regil

Domingo. 6:30 de la tarde. Como citados a misa, los feligreses de Adán se aproximan al templo para oficiar el ritual de la palabra. Para quienes el arte es religión, qué liturgia más preciosa la de escuchar el trabajo de cuatro creadores nacionales, cuyas voces al mezclarse generan una especie de sinfonía Revueltiana en cuatro movimientos, iniciando con las pinceladas impresionistas de “Tintura donde nunca amanece”, poema de Adriana Tafoya, donde el paisaje es protagonista y el misterio del tiempo detenido parece garantizar un permanente drama interior. Liviandad retratada en una escena de la Belle Epoque. Esto a manera de introito, pues “Enmugrecido”, retrata la invalidez marginal que se crece al castigo de las calles y construye una utopía en un cajón que es a la vez hogar, transporte, frontera. Sensible al espacio y a la respuesta del público, la autora busca en su legajo el tono más apropiado para sacudir las conciencias del reducido pero ávido público, y poner sobre la mesa su fragancia que habrá de mezclarse con la de ellos tres, otros poetas, si logran percibirla. Y así parece ser.

Hugo Garduño, autor de Luz Parda aporta su canto desde la silla. Con desgarbo pronuncia sus versos para sí y nos deja leerlos a través de su lenguaje corporal. Resignación futurista donde gravita un cinismo muy del urbano. “La estación del desierto”, “lo que vendrá”. De Descifrando el laberinto escoge “Sueños”. En sus imaginaciones Freud y Ciorán beben tequila de Hidalgo y endosan la posteridad a una ramera que amamanta ciegos. “y siempre detrás de ti caminará tu yo, porque le diste olvido” Y enfatiza –como si hiciera falta- con la repetición. Pero no importa porque como declara luego “Gusanera”: “La existencia tiene el don de no sentir”.

La participación de Homenic Fuentes es la crónica de un infierno acercado. Un museo del horror en corifeos. Visiones apocalípticas presentes, realidades paralelas, abismos interiores develados en un viaje Dantesco por los círculos concéntricos de la perversión. Cantos de largo aliento van cimentando las estaciones que preparan al iniciado hacia el sacramento del dolor. Me pregunto si “Las delicias de Torquemada”de Fuentes, abreva o reta a Una temporada en el infierno, de Rimbaud. No puedo aun contestar. Son atisbos apenas. Mas hay una aparente contradicción. Y me pregunto también: ¿Porqué vestir la lectura con una fraseología musical que destella una pátina romántica, pre-maldita tan distinta al fondo y a la forma que propone?

“Poema libre”, de Andrés Cardo, estampa la visión del resentimiento estéril a dos de tres caídas. Con “El equilibrista del puente”une los dos extremos del dilema. Y con “Síncopa en sombra” que da una vuelta de tuerca al momento de la lectura, alertando a sus compañeros a preparar sus mejores cartas bajo la (nalga) manga. “La borrosa geografía del dolor / sé / amargo es el rojo semen de un piano/ Tú. Silencios, tiempos fragmentados que suenan estertores de una auto elegía. “Poema homicida” deja en entredicho la moral cristiana y plantea la posibilidad egocéntrica de morir por amor propio.

La última ronda, como en un Jam musical, propicia el lucimiento individual, sin perder de vista la armonía del grupo, que de manera bastante intencionada cuidaron algunos, y otros, al puro “feeling”, guardaron también. Cierra Tafoya, con un Ave María negra, donde la madre de dios es una hembra lasciva al servicio de los deseos de un creador perverso. Garduño anuncia el pié de su próximo libro “Reposo”. Fuentes se ratifica en su declamatoria sin maestro, persiguiendo un oscurantismo más cerca de lo judicial que de lo macabro. Y del otro lado Cardo nos muestra el ósculo objeto del deseo, con la pregunta de “Poema porno”: “¿Cuánto pesa el cuerpo de un amante cuando pende de un beso”?

Con la imagen del baño rebosante de libros y estantería cultural a sus espaldas, los poetas despiden al público que asistió a la casa de lectura Conejo Blanco, en Ámsterdam 67, esa callecita circular en la Condesa, que algunos nos provoca vueltas de cabeza..

Hasta la próxima.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

8 Abril 2008

2do. Miércoles itinerante de poesía

2do. Miércoles itinerante de poesía en Café Hexen (Dentro de Casa de Mora)

02-04-08

José Manuel Ruiz Regil

Esta suerte de foros contenidos en otros foros a manera de matrushkas escenográficas está resultando interesante. La lectura de poesía en el Teatro de Café Héxen, comparte sus aplausos con el sonido del bandoneón de la clase de Tango en La Carpa. Al mismo tiempo se ensaya una obra en el teatrito “Tespis”, mientras se prepara otro espectáculo en foro del café Bagdad. La cafetería interior ofrece unos pasteles deliciosos que van muy bien con las infusiones de afuera. Todo rodeado de libros, antigüedades, repisas, espejos, mesas de las que cuelga, como en bazar, una etiqueta en blanco abierta al regateo.

En medio de este colorido de telones y las luces ámbar y esmeralda propias de la escena, la pintura de Felipe Gaytán preludia, transludia y posludia lo que será palabra en voz de los poetas. Habíamos visto “Yo nací un día que Dios estaba enfermo II” (II porque el primero es Vallejo) la semana pasada. Esta vez la paleta del artista combina ocres, jade y barriobajo para dar vida a una escena en la que tres personajes masculinos juegan con sus miembros erectos, dejando claro, en el más explícito discurso machista, quien manda. Y por si fuera poco, el título de la obra lo constata: “Armas peligrosas”. (al INEGI me remito).

Con esta atmósfera de autoafirmación de lo chingón abre la noche Mario Dux. Su poesía no sugiere, ordena; no concilia, arrebata. De pie ante el atril repasa sus hojas. Revive los instantes del reclamo. Encarna la resistencia. La sombra del padre Burroghs lo acompaña, como lo hacía en los cafés donde el verso levantaba lo que la guerra había tirado. La sensación de desamparo es la misma. Sólo ha cambiado el escenario. Su locución es iluminada a ratos por ese medio tono entre el panfleto y el predicador, y de pronto es visitado por el Morrison de Horse Latitudes. Dux canta al amor, a la boca seca, a la ausencia siempre presente aún en medio de la bola.

Lo sigue Mario Hernando de Alarcón, quien con una actitud tímida ante el micrófono y ausente del público arregla sus textos por orden de desaparición. Poesía experimental de tintes creacionistas, cuya musicalidad compensa la lectura introspectiva, y va como gasa flotante, arrebolándose en el cuello de los asistentes, subiendo, subiendo en espiral para bajar a ras de piso y elevarse nuevamente y, quizás, volver al remolino de palabras y silencios para construir más tarde un cerro de terrazas, como aquellas donde nace y se cultiva el arroz en oriente. Poema sin su piso. Cielo abierto. Habría que saber que el poeta es políglota y que no se conforma con saber de lenguas romances, caucásicas o dravídicas, sino que además, se ve en la necesidad de crear un lenguaje con el que nos deja una música sonante y despide su intervención.

“Mi padrino Fernando era puñalón” de Ricardo Guzmán, un verdadero homenaje a la escisión entre fondo y forma. Picaresca ajustada con corsé a los metros clásicos. Alburerías machistas de logrado efectismo muy a tono con la obra plástica de la noche. El versificador se confiesa “pepófilo”, (amante de la pepa) como si no hubieran desfilado por el podio suficentes, sólo que ninguno había usado la prosa para hacer poesía, y viceversa. “Wilebalda la insoplable” cosifica a la mujer, con tal descaro que la misma lo agradece. Y así como le gusta al macho pragmático hablar de sus conquistas, en vez de decir aquí nomás mis chicharrones truenan, mira de reojo al cuadro y grita: “¡Ai les va la de hacer gente!”

Noche de tolerancia. Diversidad hecha palabras. Equilibrio perfecto entre el delirio revolucionario de Mario Dux y la procacidad disfrazada de Ricardo Guzmán, quienes encuentran un punto de contacto en el viaje interior de Hernando de Alarcón. Una muestra más de que existen tantas poéticas como individuos, y que ninguna pesa sobre otra. Todas conviven en los miércoles de poesía itinerante de VersodestierrO.

Hasta la próxima.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

3 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

01-04-08

Despierto tarde. Tarde para dedicar un tiempo al ejercicio como me he propuesto y pretender llegar a tiempo a la oficina. Pienso: algo que me de fuerza y estimule mis riñones, pero que a la vez sea relajante y tonificador. No sé qué ensoñación extraña me dejó abatido sobre el colchón. Pero mi intención es más fuerte.

Me tiro sobre el tapete recién barrido. Mi torso desnudo se pica con las fibras sintéticas de la alfombra. Pienso en el tapete morado, pero es inútil. No haré posturas de pié. Me estiro largamente. Alcanzo una cuerda. Flexiono mi rodilla derecha y abrazo el pie con ella. Estiro la pierna y extiendo cuerda y brazos. Elevo la pierna estirada hasta formar 90 grados con respecto al cuerpo. Inhalo. Siento la tensión. Los puntos de contacto en el piso. El estiramiento de los músculos isquiotibiales (los que nacen en los isquiones y se insertan en la tibia) Suelto en una exhalación. Relajo la pierna sobre el piso y percibo la diferencia entre un lado y otro de cuerpo. Repito la operación del otro lado. Pienso que esto es una preparación para lo que de pie sería

2.-Uttita Padangustasana. Máxima extensión de la pierna sosteniéndome del dedo gordo del pié. Vaya traducción. Se oye menos acrobática en Sánscrito. Repito la serie una vez más. Relajo. Percibo la armonía entre mis lados.

Flexiono la rodilla y la proyecto hacia fuera, estirando la pierna. Sostengo con la cuerda, apoyando el codo en el piso. Cuento hasta diez y pienso que esta postura es muy fuerte de pie. Y me alegro de que exista esta variación tumbado. Lo único que la técnica pide a cambio es que aquí, mientras se tensiona la pierna al máximo, el resto del cuerpo debe estar completamente relajado. Cosa nada fácil.

Repito la operación por el otro lado. Cuento hasta diez, quince, puuuufff! Relajo.

Mientras esto sucede “Jesús bleibet meine Freude” inunda mi cuarto con armonías que uno debería evocar al encontrarse en medio de un embotellamiento al cuarto para la hora de llegar tarde a cualquier cita.

Es inevitable recordar la primera vez que “pude” hacer completa esta postura. Jalasana. El arado. Una postura que revierte el flujo de la sangre hacia la cabeza, estimula la tiroides, los intestinos, relaja la espalda y, dicen, trae serenidad.

Fue hace diez años exactamente. Estaba en el Campo Marte, en Paris, bajo las arcadas de la Tour Eiffel. Era jueves. Descalcé mis pies y, como muchos otros paseantes, entre ellos, lo recuerdo bien, un oficinista trajeado sentado en flor de loto que comía una típica baguette, me senté en el pasto. Dejé a un lado el libro que leía con tanto asombro “Medicina Natural al alcance de todos” del Dr. Lezaeta Acharán, y lo intenté. No solo eso. Pude. Fue el regalo de Paris. Mi 28 cumpleaños.

Con esa carga anhelante, flexiono mis piernas hacia el pecho para luego estirarlas por encima de mi cabeza. Claro, 11 años de experiencia no se pueden esconder debajo de la alfombra. Pero bien dicen “El joven no sabe lo que puede, ni el viejo puede lo que sabe”. Lo bueno es que estoy en una edad en que casi sé que puedo lo que puedo saber y lo intento. Qué lejanos aquellos días Parisinos. Pero qué cercano el trabajo de esta mañana en este arado de mí mismo que tiene que hoyar indisciplinas y largas complacencias. Y sin embargo, el trabajo existe en esta mañana presente de voluntad. El movimiento de la sangre testimonia. Los ajustes en la respiración invitan a ir un poco más allá, a recuperar, a volver al camino. Relajo. Vuelvo cadera y piernas al piso. Me observo. El faro del restaurante Jules Verne ha cambiado por le plafón de Wal-Mart que alumbra mi habitación. Afuera amanece.

Continúo con el arpegio vertebral de ayer. Hago la torsión del cocodrilo por ambos lados y remato en Savasana. Luego de tres minutos, salgo lentamente de esa postura para retomar mi vertical en la postura fácil Sukhasana. Ofrezco mi práctica al Todo, pidiendo bendiciones. Junto mis manos al centro de mi pecho. Reclino mi cabeza y pronuncio: Namasté.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

3 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

31-03-08

Como me atrasé en la transcripción de la práctica, retomé la del 30, yendo profundo en cada una de las posturas. La diferencia fue que ahora escuchaba a Bach. Es toda una elevación estar en Trikonasana acompañado por los coros de la Pasión según San Mateo. Ah, incluí también Dahnurasana, el arco. Esta postura estimula el sistema nervioso, ayuda a aclarar la mente y genera mucha energía para el día. Es un fuerte estímulo para los riñones. Recostado boca abajo tomo el empeine de mis pies, flexionando las rodillas Con el cuerpo formo el arco que se dobla hacia arriba. Tenso con la cuerda de mis brazos. Abro el pecho. Me apoyo sobre un punto en el abdomen. Inhalo profundo y jalo. Exhalo y suelto.

Para compensar estas flexiones hacia atrás dedico un rato a la alternancia Vaca-Gato-Pez. Si no lo has hecho, te sonará raro. Y más raro empezar a hacerlo, pero es riquísimo. Estimulante y liberador para la columna lumbar sobretodo. Te pones en el suelo en cuatro puntos. Te fijas bien que la abertura entre las manos coincida con el ancho de los hombros, y que la separación de las rodillas lo haga con el ancho de tu cadera. Lo mismo con respecto a los talones. Apoyas los pies sobre los metatarsos. Una vez ahí enderezas la columna y formas ángulos de 90 grados. Comienza el movimiento. Al inhalar estiras el cuello, levantas la barbilla, elongas la columna. Giras la cadera hacia atrás y arriba. Mantienes. Esa es la postura de la Vaca. No sé cómo se llama en Sánscrito. Todo tiene traducción pero esta sería demasiado literal y la idea de los nombres es que pronunciar su sonido se convierta en una clave para penetrar en el significado profundo de la actitud (postura). Y realmente, los efectos que perseguimos en esta serie son menos filosóficos que calisténicos, así es que por ahora no nos dedicamos a descubrir la lección moral de la cuadrúpeda pareja, ni del ícteo Gurú.

Sueltas la respiración para hacer justamente el movimiento opuesto y complementario: Gato. Contraes el abdomen, elevas la espalda, juntas la barbilla al pecho y proyectas tu cadera hacia el frente. ¡Mmmmh! Repites el ejercicio cuantas veces creas necesarias. Yo lo hice unas seis. Despacito. Para hacer el Pez hay que combar la columna un poco para evitar lesión. Entonces inhalas profundamente. Visualiza la línea recta que va de tu cóccix a la coronilla. Entonces al exhalar quiebras la cintura acercando cadera y hombro izquierdo. Ladeas la cabeza, sin girar, siguiendo el movimiento del hombro. Lo mismo del otro lado.

Continúo con la serie del día anterior exactamente igual que como está en el Diario de Yoga 30-03-08. Y eso que no me gusta repetir, eh?

servido por jmrr sin comentarios compártelo

1 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

30-03-08

Amanezco con el “Séptimo sol” de Embeleso, título del disco azul de Elysium. No es temprano, pero el domingo amerita gozar la cama un rato más. Desde ahí empiezo a imaginar mi práctica. El deseo de concretarla me levanta. Juego a recorrer mi espalda. Hago movimientos circulares con la cadera. Giro los brazos. Me muevo al ritmo alegre de “Como un niño”. Tres minutos. Fin del calentamiento. Me sitúo al frente de mi tapete.

1.- Uttita Tadasana. Máxima extensión en la postura de la montaña. Elevo mi cuerpo desde la planta de los pies hasta la punta de los dedos de las manos. Ajusto mis hombros. Estiro el cuello. Llevo los brazos por encima de la cabeza.

2.- Padottanasana. Flexión de lado hacia el frente. Lanzo la pierna izquierda hacia atrás, respetando la alineación de mi cadera. Flexiono hacia el frente con los brazos extendidos hacia arriba. Me apoyo sobre el respaldo de la silla y estiro. Siento alinear mis piernas, rodillas, cadera, espalda, hombros, brazos, hasta las manos. Vuelvo al centro. Repito la operación lanzando la pierna derecha hacia atrás. 1 minuto cada lado. Cambio de postura

3.- Uttanasana. Máxima flexión hacia el frente. Estiro mis brazos hacia arriba y flexiono hasta tocar mis pies. Siento el contacto de mis muslos con el abdomen. Con mi pecho. Estiro las piernas. Uf, qué jalón en las corvas. Posiciono las palmas de las manos sobre el tapete al frente, separadas al ancho de los hombros y estiro la espalda hacia abajo y atrás para adoptar la postura de perro boja abajo.

4.- Adho Mukha Svanasana. Alineo mis manos a los codos, a los hombros, a la cadera, y levanto el cóccix hacia arriba, bajo la tensión hacia las rodillas, los tobillos y los metatarsos, flexionando sobre el piso. También se conoce como la postura del triángulo. Recomendada para relajar la tensión de las espalda y de la parte posterior de las piernas. Aprovecho que estoy ahí para proyectar mi cuerpo por entre los hombros, bajando hasta la Plancha. En esta posición tonifico abdomen, piernas, brazos, pecho. Alineo mi columna y cambio a Perro boca abajo. Vuelvo a plancha. Unas tres veces, disfrutando el movimiento profundo de mis músculos. Cambio el disco porque los siguientes tracks no me parecen adecuados para el trabajo. Elijo ahora OSHO NO DIMENSIONS MEDITATION. Unas notas circulares, envolventes, rematadas cada vuelta por un “Shu” que me mantiene alerta. La cítara canta.

Lanzo mi pierna izquierda hacia al frente a la altura de los hombros y coloco el “block” para apoyar mi mano a un lado del pié izquierdo. Estiro la pierna al tiempo que el torso sobre la línea horizontal. Ajusto la pierna derecha, colocando el talón hacia fuera para balancear la cadera. Abro el pecho, elevando el brazo derecho formando la postura de los tres ángulos.

5.- Trikonasana. Me mantengo ahí durante diez respiraciones profundas. Tiempo suficiente para darme cuenta de la relación de mis músculos, mi equilibrio y el rango de elasticidad que puedo pedirle hoy a mis piernas y brazos. Sé que si comiera menos lácteos me dolería menos. Lo tomaré en cuenta en la próxima comida. Me encanta salir de esta postura. Me da la sensación de danzar. Estiro el brazo que está extendido hacia arriba y lo jalo hasta incorporarme en la vertical. Las piernas están separadas. Comienzo a relajar. En una exhalación devuelvo suavemente mi brazo hacia el centro de mi cuerpo, pasando la palma de mi mano por enfrente de mi rostro. Ah! Me incorporo. Junto mis pies y vuelvo a Tadásana. La montaña, para contemplar mi esfuerzo desde la cima.

Repito la operación por el otro lado. Después de 3 minutos vuelvo a Perro boca abajo y hago una nueva serie. Dos, tres veces que se haga una postura es suficiente, si se hace con profundidad y se dedica suficiente tiempo a meditar en ella, dentro de ella, con ella.

6.- Bhujangasana. La cobra. Esta postura la hago con toda intención de atender mis riñones. Me tiendo boca abajo en el piso y coloco mis codos a la altura de los hombros. Me empujo con los metatarsos (huesos de la bola del pie) hacia delante y con esas proporciones, que son las mías y nada más, extiendo mis brazos elevando el tórax, para hacer una torsión hacia atrás. Estiro las piernas y alineo cadera con rodillas, tobillos y metatarsos. Extiendo el cuello todavía más y me permito voltear hacia uno y otro lado para enfatizar aun más el estiramiento.

El nombre de esta postura me sugiere algo bullanguero. Quizás, sea buena mnemotécnia. Las serpientes son bullangueras y pícaras (al menos en las leyendas). Vuelvo a mi postura. Reconozco mis dolores. Saludo a mis músculos activos y... descanso. Repito la operación dos veces más, haciendo respiraciones de diez tiempos cada vez. Para balancear este estiramiento voy a la postura del niño. Otra que tiene en su raíz un atributo infantil.

7.- Balasana. Los niños son una bala, se dice, ¿no? Puedes consultar la instrucción en el Diario de Yoga anterior en el inciso correspondiente a esta postura.

Me recuesto boca arriba sobre mi tapete, con las rodillas flexionadas, tratando de ubicar mis talones separados a una distancia igual a mi cadera. Presiono los músculos de las piernas. Voy subiendo por los muslos, las nalgas y levanto el cóccix. El resto del cuerpo está relajado. Repito y voy un poco más arriba del cóccix, al sacro. Relajo. Retomo el arpegio vertebral y voy subiendo en cada ocasión un poco más por el diapasón de la columna, repasando las vértebras lumbares y dorsales de arriba abajo, de abajo arriba, hasta quedar, prácticamente apoyado sobre los hombros. Entonces construyo.

8.- Setu Bhanda. El puente. Voy construyendo mi serie de manera intuitiva, tratando de escuchar lo que mi cuerpo necesita, asociando libremente las posturas, por proximidad y, quizás, por temática y estética, teniendo la percepción de un discurso armonioso. Como una danza. Procurando no hacer disparates. Esta postura favorece la serenidad y restituye la fuerza en las piernas. ¿Lo ven? El cuerpo sabe que necesita hacer el puente cuando pasa el resto del día sentado y agobiado. Así es que ¡Arriba!

Salgo del puente y adopto la postura del cadáver (ver diario anterior). Tuerzo a la manera del cocodrilo. Mantengo estirada la pierna derecha, como eje. Flexiono la rodilla opuesta y la cruzo hacia el lado contrario. Extiendo el brazo izquierdo, abriendo el pecho. Hago lo mismo del otro lado y me dispongo a relajarme tres minutos en la postura del muerto Savasana (ver diario 29-03-08)

Después de un silencio, suena el cuenco tibetano de Osho en su meditación. Inhalo profundo y me incorporo suavemente. Dispuesto a enfrentar el día con la energía de mi primer trabajo. Hasta mañana.

servido por jmrr sin comentarios compártelo


Sobre mí

José Manuel Ruiz Regil (1968) Canta-autor y poeta desde los trece años. Creativo publicitario, guionista y locutor. Alumno del taller de dramaturgia de maestro Hugo Argüelles (1992-1993); cursó el diplomado en creación literaria en la Escuela de Escritores de La S.O.G.E.M. (1993-1995). Ha participado en los talleres de poesía en la Casa de Cultura de Coyoacán, con el maestro Oscar Oliva (1996), en el taller “Las bardas transitadas” del Centro Cultural El Octavo día (1995), en el taller del maestro Oscar Wong (1997). Co-fundador de la cooperativa Cuévano (1994); participó en la “Subasta de escritores” en El Hijo del Cuervo, Coyoacán (1995). Impartió las materias de redacción creativa en la Universidad de la Comunicación y Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación. Autor y conductor del programa radiofónico Caleidoscopio de Vida. Es autor de más de 100 canciones, de los poemarios, Retrato Intermitente (duerto-despiermo), Ediciones Cuévano (1996); Ratos y relatos; Dominio público-dominación privada (chistes en serio,; Motivos de escritura; cuentos para niños, crónicas de viaje; Cantata para la cuerda floja ; Luna en el café con crema; Ficcionerías; La casa por la ventana y otros lugares (Audiolibro/e-book), y editor de la hoja virtual quincenal Galería Urbana. Ganador del segundo y quinto "Slam poetry contest", obtuvo el 2do. lugar en el Slam nacional 2007.

Fotos

jmrr todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera