Diario de Yoga
José Manuel Ruiz Regil
Sábado 5 de Abril 2008
Tres en el parque. Cada uno sobre su tapete. La serie que he venido trabajando se triplica. Mientras la gente rodea la pista de arcilla, saludamos al sol con la mejor intención de hacerlo bien. El pequeño tiene gran talento para el Perro boca abajo. Para mayor referencia de las posturas que forman esta serie revisa los días anteriores. Unos minutos después, ya entrados en calor abordamos
1.- Parsvottanasana. Esta flexión hacia el frente fortalece la espalda y alínea la cadera. Si se llevan los brazos hacia atrás y se juntan las manos en Namasté el trabajo de hombros y expansión del pecho es mucho mayor. Pareciera que no se trabaja mucho, pero basta bajar apenas un poco y mantener ahí para darse cuenta de los músculos que intervienen en este movimiento. Procuro quedarme diez respiraciones lentas, sin importarme realmente el tiempo que me tarde en ello Es el tiempo interior lo que cuenta. Esto de cada lado un par de veces es necesario para estirar la parte posterior de las piernas y descansar la tensión de pasar mucho tiempo sentado.
Hoy no hay música, pero hay niño que cuidar. Que no se salga del espacio de la jardinera que estamos ocupando. Pero él arrastra su tapete adonde hay sol y prefiere jugar a recoger las piedras del camino y tirárselas a su mamá. Cambio entonces mi posición y me vuelvo para tenerlo de frente y estar pendiente, mientras nos preparamos para hacer
2.- Trikonasana. La postura del triángulo. Al abrir el brazo por el lado izquierdo elevo mi vista sobre las verticales de los árboles hasta el estallido de sol que me hace lagrimear los ojos. Cuento diez respiraciones, llevando la energía por todo mi cuerpo. Haciéndola transcurrir por los músculos de las piernas, el tórax y los brazos. Salgo de la postura con un movimiento suave y recupero mi centro. Lo mismo hago del otro lado para darme cuenta de que al abrir el pecho y estirar el brazo del lado derecho, el pequeño ya se enfiló en la lista de corredores sobre la arcilla y no hace caso a las advertencias de sus padres. Estas interrupciones pasajeras o incomodidades domésticas parecieran ajenas a la práctica de Yoga. Sin embargo, me parece que son confrontaciones que ponen a prueba el verdadero sentido del trabajo, más allá de las posturas. Mientras el angelito llora por la consecuencia de sus actos lo miro a los ojos al tiempo que abordo la postura de
3.- Paschimottanasana Pinza hacia delante. Me reclino ante él. Ante su berrinche. Su enojo. Su frustración. Y al tiempo que estiro mi espalda y flexiono hacia delante, me doy cuenta de que medito sobre un niño llorando. Como he comentado, esta gimnasia, lo mismo que sentarse en silencio son prácticas que favorecen que el Yoga y/o la meditación se den en cualquier momento de la vida cotidiana. Miro su rostro, sigo el recorrido de su lágrima. Observo su tamaño, la forma en que me mira, su intención, el movimiento de su brazos, sus manos, su pelo. Respiro profundo, avanzo en mi postura. Trato de invitarlo al ritmo de mi respiración. Procuro integrar el sonido de su llanto. Al aire libre es un poco menos difícil. Un par de veces y descanso.
Ante la necesidad de ir a los juegos y conciliar tiempos e intereses, lo único que resta es un par de minutos en
4.- Virasana. La postura del héroe para relajar la tensión de los estiramientos y recuperar el ritmo de la respiración. Namasté.
Hasta mañana.

Sil dijo
Un plancentero privilegio saber que soy parte de ese grupo de tres en el parque; gozando de nuevo el instante y deseando que esta filosofía de vida siga presente en el ritmo de cada día !VIVA, YOGA VIVA! Namasté.
Te amo.
16 Julio 2008 | 06:06 AM