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Variopinto

De esto y de lo otro

3 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

01-04-08

Despierto tarde. Tarde para dedicar un tiempo al ejercicio como me he propuesto y pretender llegar a tiempo a la oficina. Pienso: algo que me de fuerza y estimule mis riñones, pero que a la vez sea relajante y tonificador. No sé qué ensoñación extraña me dejó abatido sobre el colchón. Pero mi intención es más fuerte.

Me tiro sobre el tapete recién barrido. Mi torso desnudo se pica con las fibras sintéticas de la alfombra. Pienso en el tapete morado, pero es inútil. No haré posturas de pié. Me estiro largamente. Alcanzo una cuerda. Flexiono mi rodilla derecha y abrazo el pie con ella. Estiro la pierna y extiendo cuerda y brazos. Elevo la pierna estirada hasta formar 90 grados con respecto al cuerpo. Inhalo. Siento la tensión. Los puntos de contacto en el piso. El estiramiento de los músculos isquiotibiales (los que nacen en los isquiones y se insertan en la tibia) Suelto en una exhalación. Relajo la pierna sobre el piso y percibo la diferencia entre un lado y otro de cuerpo. Repito la operación del otro lado. Pienso que esto es una preparación para lo que de pie sería

2.-Uttita Padangustasana. Máxima extensión de la pierna sosteniéndome del dedo gordo del pié. Vaya traducción. Se oye menos acrobática en Sánscrito. Repito la serie una vez más. Relajo. Percibo la armonía entre mis lados.

Flexiono la rodilla y la proyecto hacia fuera, estirando la pierna. Sostengo con la cuerda, apoyando el codo en el piso. Cuento hasta diez y pienso que esta postura es muy fuerte de pie. Y me alegro de que exista esta variación tumbado. Lo único que la técnica pide a cambio es que aquí, mientras se tensiona la pierna al máximo, el resto del cuerpo debe estar completamente relajado. Cosa nada fácil.

Repito la operación por el otro lado. Cuento hasta diez, quince, puuuufff! Relajo.

Mientras esto sucede “Jesús bleibet meine Freude” inunda mi cuarto con armonías que uno debería evocar al encontrarse en medio de un embotellamiento al cuarto para la hora de llegar tarde a cualquier cita.

Es inevitable recordar la primera vez que “pude” hacer completa esta postura. Jalasana. El arado. Una postura que revierte el flujo de la sangre hacia la cabeza, estimula la tiroides, los intestinos, relaja la espalda y, dicen, trae serenidad.

Fue hace diez años exactamente. Estaba en el Campo Marte, en Paris, bajo las arcadas de la Tour Eiffel. Era jueves. Descalcé mis pies y, como muchos otros paseantes, entre ellos, lo recuerdo bien, un oficinista trajeado sentado en flor de loto que comía una típica baguette, me senté en el pasto. Dejé a un lado el libro que leía con tanto asombro “Medicina Natural al alcance de todos” del Dr. Lezaeta Acharán, y lo intenté. No solo eso. Pude. Fue el regalo de Paris. Mi 28 cumpleaños.

Con esa carga anhelante, flexiono mis piernas hacia el pecho para luego estirarlas por encima de mi cabeza. Claro, 11 años de experiencia no se pueden esconder debajo de la alfombra. Pero bien dicen “El joven no sabe lo que puede, ni el viejo puede lo que sabe”. Lo bueno es que estoy en una edad en que casi sé que puedo lo que puedo saber y lo intento. Qué lejanos aquellos días Parisinos. Pero qué cercano el trabajo de esta mañana en este arado de mí mismo que tiene que hoyar indisciplinas y largas complacencias. Y sin embargo, el trabajo existe en esta mañana presente de voluntad. El movimiento de la sangre testimonia. Los ajustes en la respiración invitan a ir un poco más allá, a recuperar, a volver al camino. Relajo. Vuelvo cadera y piernas al piso. Me observo. El faro del restaurante Jules Verne ha cambiado por le plafón de Wal-Mart que alumbra mi habitación. Afuera amanece.

Continúo con el arpegio vertebral de ayer. Hago la torsión del cocodrilo por ambos lados y remato en Savasana. Luego de tres minutos, salgo lentamente de esa postura para retomar mi vertical en la postura fácil Sukhasana. Ofrezco mi práctica al Todo, pidiendo bendiciones. Junto mis manos al centro de mi pecho. Reclino mi cabeza y pronuncio: Namasté.

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Sobre mí

José Manuel Ruiz Regil (1968) Canta-autor y poeta desde los trece años. Creativo publicitario, guionista y locutor. Alumno del taller de dramaturgia de maestro Hugo Argüelles (1992-1993); cursó el diplomado en creación literaria en la Escuela de Escritores de La S.O.G.E.M. (1993-1995). Ha participado en los talleres de poesía en la Casa de Cultura de Coyoacán, con el maestro Oscar Oliva (1996), en el taller “Las bardas transitadas” del Centro Cultural El Octavo día (1995), en el taller del maestro Oscar Wong (1997). Co-fundador de la cooperativa Cuévano (1994); participó en la “Subasta de escritores” en El Hijo del Cuervo, Coyoacán (1995). Impartió las materias de redacción creativa en la Universidad de la Comunicación y Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación. Autor y conductor del programa radiofónico Caleidoscopio de Vida. Es autor de más de 100 canciones, de los poemarios, Retrato Intermitente (duerto-despiermo), Ediciones Cuévano (1996); Ratos y relatos; Dominio público-dominación privada (chistes en serio,; Motivos de escritura; cuentos para niños, crónicas de viaje; Cantata para la cuerda floja ; Luna en el café con crema; Ficcionerías; La casa por la ventana y otros lugares (Audiolibro/e-book), y editor de la hoja virtual quincenal Galería Urbana. Ganador del segundo y quinto "Slam poetry contest", obtuvo el 2do. lugar en el Slam nacional 2007.

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