Estoy en una edad en que
no sé
si soy joven todavía o
debo empezar a aceptarme como viejo ya.
La gente mayor me dice m´hijo,
sí mi joven, y me hablan de tú.
Los más chicos me dicen Don, Señor, y me
hablan de usted.
Yo me veo frente al espejo y creo
que soy el mismo de hace diez años,
unos kilos más arriba, claro, tres o cuatro
canas en la piocha.
Siempre he sentido que
transcurro por una interminable
adolescencia.
Pero sumarle a eso una
prematura crisis de la edad adulta,
es cosa seria.
¿Sufriré otro cambio de voz?
¿Me abordará una nueva vocación
en el albor de los cuarenta?
Conservo los mismos sueños que cuando tenía
dieciocho. Sólo que he agregado algunos más.
Todavía tengo intenciones de cambiar al mundo.
-quizá más que hace dieciocho-.
Sigo creyendo en la independencia y en
la soledad.
-tal vez mucho más ahora que antes-.
Hace diez años
inventaba mucho,
ahora escribo de memoria;
ayer quería adquirir,
hoy quiero conservar;
hace unos años el pasado era el origen.
hoy es un recuento de escalas
no muy bien definidas que me tienen
donde estoy.
Creo que ya estoy entendiendo.
Me aburre mucho más rápido aquello
contra lo que he venido peleando.
No se trata de quitar, sino de poner.
Me queda claro que menos es más, y
que la noche es larga cuando puedo
conciliar el sueño.
Pasé de la avidez al cultivo.
Nunca me importó el dinero.
No faltaba.
A veces escasea. Eso es
incómodo
a ratos,
casi indigno,
que un verso no valga, ni siquiera
lo que un DVD pirata.
Podría al menos intercambiar
poemas por filmes en la esquina.
Ustedes me dirán,
¿Me queda bien el “Don” o
adopto el “Guey”?
Para mí es igual.
Me despierta la misma ternura la
posibilidad de un talento incipiente,
que el homenaje,
cuando va la vida de por medio.
Yo voy a la mitad de camino.
Cruzo la cuerda floja sin soltar del todo
una orilla, y sin hallar un asidero todavía del
otro lado.
A veces
lo único que existe es el vacío;
un eco sordo de infinito que me llama.
“Que si no la has hecho a los treinta
ya no la vas a hacer” Es la estadística.
Yo no sé si la he hecho.
No sé qué es hacerla.
Más bien la he desecho (sin hache).
Pero he tenido éxito.
Sé quien soy.
Conozco mi voz y
balbuceo confiado en que pronto
lograré armar una frase.
Y luego dos y tres. Y, tal vez, un día,
si todo lo que hago no es basura,
escribiré
un poema.

nochedesol dijo
¿Hoy quiero conservar?
¿No se trata de quitar sino de poner?
¿Crees en lo que escribes?...SUERTE papito.
11 Julio 2008 | 07:10 AM