A veces preferiría que me gustara el futbol y
que un gol me hiciera el domingo; tener la ilusión
de que sea viernes para que, con todas las de la ley,
cene pancho; y que bastara un six pack de chelas
para sentirme triunfador. Se me antoja tanto, a ratos,
cenar con la familia, quedarme dormido en el sofá
desvelando las noticias y –es por puro morbo, lo sé- ,
amanecer un día con la suficiente docilidad para
aceptar las reglas, y acatar cada una de las instrucciones
que garantizan la felicidad.
En ocasiones sueño con poder planear un viaje
Con todos los gastos pagados, las escalas confirmadas,
las propinas incluidas, las sonrisas programadas, los atardeceres
y las vísperas puntuales, la satisfacción asegurada; la sonrisa
ampliada a ochopordiez, y construir vigésimos adeudos para
asegurar mi patrimonio, si lo tuviera.
Hay días en que, en verdad, daría la vida por tener un jefe
que me dijera qué y cómo debo hacer lo que él decida
(mejor si fuera mujer).
Cómo me gustaría de vez en cuando, reírme a lágrima
suelta viendo el Show de Don Francisco, o empeñar la honra
por conseguir un boleto para ver a Luismi o a Maná;
saber el desenlace de la última novela del canal de las doncellas;
despertarme con Chavelo los domingos.
A veces me pregunto: ¿Por qué todo me resulta tan difícil?
A ratos yo quisiera que no me importara para nada la ortografía,
Ni la sintaxis vial, ni la política publicitada, ni la mugre, ni el automatismo,
ni el abuso o la indolencia, y poder pasar de un día a otro con la tranquilidad de que mañana todo, será
exactamente
igual.
Desearía que sólo por un rato, las palabras no significaran nada,
sino ruido; y que el ruido fuera suficiente compañía;
ser indiferente a la miseria, tornar a mi nariz una invidente,
y que pudiera echarme unos de tripa, ojo, buche o nenepil afuera del
cañaveral -digo- metro, donde el olor a sobaco –¡hm!- es lo de menos.
A veces estaría dispuesto hasta a irme de Shoppings todo el día.
Y comprarme cosas que no necesito, y quebrarme los dedos elegantemente
Por un año, o más, a cambio de la paz que da el olor a nuevo.
Es en mis noches de insomnio una fantasía espectacular
Soñar en convertirme a una fe, cualquiera, que planeé mi último viaje
Y que haga de mi estancia en este plano mera burocracia espiritual
llena de cuentas por pagar. Con gusto abonaría mis 15 minutos de
“Tolerancia” en el estacionamiento de la ingratitud.
Hay días en que preferiría tenerle miedo a la libertad,
Aborrecer la incertidumbre, ver con malos ojos las ideas.
¡Ah! Cómo me gustaría pensar que el mundo empezó ayer,
Y que las guerras, las matanzas, las luchas de poder son sólo un montaje
Para hacernos creer que el bien y el mal existen.
Sí. Cómo me encantaría, a veces, por un rato
-por un ratito nada más-
ser
normal.

Sil dijo
Por elegir ser Variopinto, ¡Felicidades!
17 Abril 2008 | 02:10 PM