Rosa la osa golosa
Terminó de hornear los pasteles que iba a vender en los hoteles para poder pagar la renta de su casa que olía a menta. Se vistió muy elegante, con su anillo de diamante y salió cargando cajas saboreando entre los dientes un tamalito de rajas que guardaba en la despensa para cuando se sintiera tensa y su ansiedad no controlara. Rosa, la osa golosa, en el camino no aguantó más, y contumaz, tuvo que parar a saborear su mercancía, pues lo único que hacía era pensar en comer, comer y comer. Aunque al final no le quedara ni un trocito que vender. Triste, gorda y sin dinero regresó a su casa la rosa osa golosa, a volver a
hacer pasteles y también muchos tamales, para ofrecer en los trenes y
también en las centrales, donde la gente descansa y comiendo echa la
panza antes de irse a chambear, a descansar o de paseo. Nada de esto yo
lo sé, me lo invento y me lo creo.

Sil y Sat dijo
Al terminar de escucharlo, Satyam pidió: Una hoja para dibujar a Rosa y un pastel. ¡Claro! cuando se enteró que su papá había escrito el cuento, también se le ocurrió irnos de paseo a conocer la casa de la osa.
Hermoso legado que nos permite viajar a través de la imaginación.
Te queremos y admiramos.
18 Julio 2008 | 06:05 AM