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La Coctelera

Variopinto

De esto y de lo otro

Categoría: Desarrollo

21 Abril 2008

Diario de Yoga

José Manuel Ruiz Regil

Sábado 5 de Abril 2008

Tres en el parque. Cada uno sobre su tapete. La serie que he venido trabajando se triplica. Mientras la gente rodea la pista de arcilla, saludamos al sol con la mejor intención de hacerlo bien. El pequeño tiene gran talento para el Perro boca abajo. Para mayor referencia de las posturas que forman esta serie revisa los días anteriores. Unos minutos después, ya entrados en calor abordamos

1.- Parsvottanasana. Esta flexión hacia el frente fortalece la espalda y alínea la cadera. Si se llevan los brazos hacia atrás y se juntan las manos en Namasté el trabajo de hombros y expansión del pecho es mucho mayor. Pareciera que no se trabaja mucho, pero basta bajar apenas un poco y mantener ahí para darse cuenta de los músculos que intervienen en este movimiento. Procuro quedarme diez respiraciones lentas, sin importarme realmente el tiempo que me tarde en ello Es el tiempo interior lo que cuenta. Esto de cada lado un par de veces es necesario para estirar la parte posterior de las piernas y descansar la tensión de pasar mucho tiempo sentado.

Hoy no hay música, pero hay niño que cuidar. Que no se salga del espacio de la jardinera que estamos ocupando. Pero él arrastra su tapete adonde hay sol y prefiere jugar a recoger las piedras del camino y tirárselas a su mamá. Cambio entonces mi posición y me vuelvo para tenerlo de frente y estar pendiente, mientras nos preparamos para hacer

2.- Trikonasana. La postura del triángulo. Al abrir el brazo por el lado izquierdo elevo mi vista sobre las verticales de los árboles hasta el estallido de sol que me hace lagrimear los ojos. Cuento diez respiraciones, llevando la energía por todo mi cuerpo. Haciéndola transcurrir por los músculos de las piernas, el tórax y los brazos. Salgo de la postura con un movimiento suave y recupero mi centro. Lo mismo hago del otro lado para darme cuenta de que al abrir el pecho y estirar el brazo del lado derecho, el pequeño ya se enfiló en la lista de corredores sobre la arcilla y no hace caso a las advertencias de sus padres. Estas interrupciones pasajeras o incomodidades domésticas parecieran ajenas a la práctica de Yoga. Sin embargo, me parece que son confrontaciones que ponen a prueba el verdadero sentido del trabajo, más allá de las posturas. Mientras el angelito llora por la consecuencia de sus actos lo miro a los ojos al tiempo que abordo la postura de

3.- Paschimottanasana Pinza hacia delante. Me reclino ante él. Ante su berrinche. Su enojo. Su frustración. Y al tiempo que estiro mi espalda y flexiono hacia delante, me doy cuenta de que medito sobre un niño llorando. Como he comentado, esta gimnasia, lo mismo que sentarse en silencio son prácticas que favorecen que el Yoga y/o la meditación se den en cualquier momento de la vida cotidiana. Miro su rostro, sigo el recorrido de su lágrima. Observo su tamaño, la forma en que me mira, su intención, el movimiento de su brazos, sus manos, su pelo. Respiro profundo, avanzo en mi postura. Trato de invitarlo al ritmo de mi respiración. Procuro integrar el sonido de su llanto. Al aire libre es un poco menos difícil. Un par de veces y descanso.

Ante la necesidad de ir a los juegos y conciliar tiempos e intereses, lo único que resta es un par de minutos en

4.- Virasana. La postura del héroe para relajar la tensión de los estiramientos y recuperar el ritmo de la respiración. Namasté.

Hasta mañana.

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12 Abril 2008

Diario de Yoga

03-04-08

“Shower” Yoga

José Manuel Ruiz Regil

La desvelada estuvo fuerte. Tantas actividades a veces nos ocupan más del tiempo que quisiéramos o que podríamos dedicarles. Si quieres tener una idea de lo que digo, ve a la categoría de “Crónica” de este blog y te enterarás. En diez minutos tengo que estar en la oficina. Es obvio que llegaré tarde. Pero no omitiré mi práctica. Aunque sea en la ducha.

En estos casos el agua tibia funciona como calentamiento pasivo. Los dedos de mis pies tamborilean sobre el piso mojado. Me estiro plantado en el mosaico que simula gotas de agua en diferentes tonalidades de verde. Tenso las piernas, las nalgas, elevo la espalda, los hombros, el cuello, los brazos y... casi, toco el techo. Ahora bajo hasta tocar los dedos de mis pies con la punta de los dedos de las manos. El chorro de agua cae sobre mi espalda. Flexiono las rodillas, pegándolas al pecho. Me observo unos segundos. Sé que tengo prisa. Pero también quiero darme esta atención. Me acomodo en cuclillas, apoyados los pies sobre los metatarsos. Mantengo el equilibrio con los brazos por encima de la cabeza y luego los bajo al tiempo que giro hacia la izquierda y hago una llave entre mis piernas y los brazos, para enfatizar una torsión. Ah!. Suelto. Hago lo mismo del otro lado. Sé que uno de los Yamas del Yoga es “no matar”, es decir, la no violencia. Me remuerde un poco el hecho de desperdiciar tanta agua mientras me estiro. Así es que me levanto y me enjabono. Experimento una nueva sensación tan agradable al intentar una especie de Prasarita Trikonásana apoyado en la pared de la regadera (cuidado con los resbalones). Verdaderamente, después de ciertos kilos uno comienza a desbordarse y estos ejercicios funcionan como excelentes contenedores. Vuelven todo a su lugar, por dentro y por fuera. Esta postura es un triángulo revolvente. Orale! ¿Qué es eso? Separa las piernas. En el caso de mi regadera la abertura es precisa. Ni mucha ni poca. Supongamos que empiezas poniendo la pierna derecha hacia delante. Es decir que tu cadera derecha estará pegada a la pared. La pierna izquierda irá hacia atrás. Ahora, en vez de que al abrir tus brazos tu espalda quede pegada a la pared, lo haces de tal forma que sea le pecho y que sea el brazo izquierdo el que haga contraparte. Lo mismo puedes hacer girando al otro lado. Lo que te cuento no hay llevado más de tres minutos.

Me acerco a la pared y estiro los brazos lo más arriba que puedo. Doy dos pasos hacia atrás y acciono el mecanismo de “Perro boca abajo” Adho Mukha Svanasana en vertical. Es decir que estiro los brazos y la espalda y proyecto la cadera hacia atrás y arriba. Aquí sí, permito que le agua relaje mis músculos y termine de quitarme la espuma de la piel. Para terminar, cierro la llave de agua caliente y me someto al rigor del agua fría. 1,2,3,4,5... segundos. Listo!!

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12 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

02-04-08

José Manuel Ruiz Regil

Estoy convencido de que la mejor manera de enfrentar este calor contemporáneo y el estrés burocrático es a través del balance energético que facilita la práctica cotidiana del Yoga. Uno no hace Yoga ni medita. Se ejercita en una gimnasia consciente y practica la alerta relajada para que el Yoga (la unión de los opuestos) se dé, y la conciencia de sí, aparezca con más frecuencia, gracias a la disposición que queda en el organismo para advertirlo.

Una de las formas más completas desde el calentamiento hasta los estiramientos máximos pueden darse bajo la estructura de esta serie. Suria Namascar. Saludo al sol. El reconocimiento de uno mismo, de su sol interior, de su centro.

1.-Tadasana. La montaña. Contemplación de uno mismo. Balance de la respiración. Mirada fija en un punto al frente. Equilibrio. Los pies paralelos alineados a la cadera y hombros. Cuello estirado. Construyendo imaginariamente la línea recta que va del cóccix a la coronilla. Percibiendo el balance de los opuestos: arriba-abajo, adelante-atrás, izquierda-derecha. Elevo los brazos por encima de la cabeza, flexiono el torso hacia delante con la espalda recta y bajo hasta tocar los pies.

2.-Uttanasana. Máxima flexión al frente. Estiro las piernas. Lanzo la cadera hacia arriba. Bajo la cabeza. Me percibo ahí unos segundos, haciendo los ajustes propios de la respiración. Posiciono las manos con los dedos separados al frente, sobre el tapete. Lanzo la pierna izquierda hacia atrás y formo la

3.-Postura del corredor. Busco que mi rodilla no rebase los noventa grados, que la espalda esté lo suficientemente erguida, que las cadera quede nivelada y la pierna derecha tensa, apoyado el pie en los metatarsos. Extiendo la pierna derecha y ajusto mis brazos. Tenso torso y piernas y proyecto el pecho entre los hombros. Adopto la postura de

4.- Plancha, Tenso espalda, pecho, abdomen, piernas. Transición hacia

5.- Adho Mukha Svanasana. Perro boca abajo. Extiendo los brazos, bajo los hombros y la cabeza. Estiro la espalda y elevo la cadera. Flexiono las rodillas, sólo para saber hasta dónde puedo llevar mi espalda. Una vez ahí, extiendo las piernas y ajusto los pies con los talones ligeramente hacia fuera. Inhalo y al exhalar empujo con las manos hacia el frente presionando aun más la espalda. Un delicioso estiramiento que relaja la tensión de la espalda provocada por pasar tanto tiempo sentado, y la parte posterior de las piernas. Aprovecho el momento de exhalar para moverme hacia la siguiente postura. Proyecto el torso hacia el frente, me apoyo en los empeines y hago

6..- Udha Mukha Svanasana. Perro boca arriba. Esta postura estimula el sistema nervioso y tonifica los riñones, promoviendo el flujo de energía hacia el organismo. Se parece mucho a la cobra. La diferencia está en que aquí se curva todo el cuerpo hacia atrás sin tocar el piso y con el único apoyo de los empeines y las palmas de las manos. Regreso a Plancha y llevo hacia el frente la misma pierna con la que empecé, para formar nuevamente la postura del corredor, pasar por Uttanasana y, flexionando las piernas y elevando recta la espalda, alzando los brazos por atrás de la cabeza para terminar la mitad del ciclo con las palmas juntas frente a pecho en actitud de Namasté

Repito el movimiento por el otro lado.

He practicado esta serie un par de días controlando mi imaginación y mis ganas de ligarlas con otras posturas, haciendo una danza deliciosa. Creo que vale la pena afianzar bien esta serie y una vez llevada a máximo, incorporar otros movimientos.

Cuando aprendí a hacer esta serie la maestra dijo que tenía que hacerse 108 veces. ¿¡Qué!?, -dijimos todos. Se supone que en el Yoga Sutra de Patanjali está esa indicación, pues es el número de especies animales que hay en la tierra. Imagino que habrá aumentado unos cuantos cientos desde tiempos del Gurú. No lo sé. Lo cierto es que prefiero contar el ejercicio en minutos que por veces, al menos este. Así es que me sumerjo en una sesión de 30 ó 35 minutos de Salutaciones. Esto genera mucho fuego. ¡Oh, sí!

Para concretar la práctica y comenzar a descender el calor, adopto la postura de

6.- Paschimotanasana. Flexión hacia el frente. Me apoyo con la cuerda una vez, dos veces. Luego paso a

7.- Janu Sirsasana. Dos veces por cada lado. En cada ocasión trabajo alargando los músculos de la espalda y tratando de llevar el pecho a las rodillas (no sé qué hacer con esta panza). Finalmente, luego de un par de torsiones de cocodrilo como he indicado en sesiones anteriores, paso a

8.- Savasana. La postura del muerto. Relajo el cuerpo. Suelto tensiones, preocupaciones, y me concentro en la respiración. Luego de tres o cinco minutos en los que he acompañado el ritmo de mi respiración hacia el vals, me incorporo suavemente, cuzo mis pies en Sukhasana y doy gracias, Namasté.

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3 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

01-04-08

Despierto tarde. Tarde para dedicar un tiempo al ejercicio como me he propuesto y pretender llegar a tiempo a la oficina. Pienso: algo que me de fuerza y estimule mis riñones, pero que a la vez sea relajante y tonificador. No sé qué ensoñación extraña me dejó abatido sobre el colchón. Pero mi intención es más fuerte.

Me tiro sobre el tapete recién barrido. Mi torso desnudo se pica con las fibras sintéticas de la alfombra. Pienso en el tapete morado, pero es inútil. No haré posturas de pié. Me estiro largamente. Alcanzo una cuerda. Flexiono mi rodilla derecha y abrazo el pie con ella. Estiro la pierna y extiendo cuerda y brazos. Elevo la pierna estirada hasta formar 90 grados con respecto al cuerpo. Inhalo. Siento la tensión. Los puntos de contacto en el piso. El estiramiento de los músculos isquiotibiales (los que nacen en los isquiones y se insertan en la tibia) Suelto en una exhalación. Relajo la pierna sobre el piso y percibo la diferencia entre un lado y otro de cuerpo. Repito la operación del otro lado. Pienso que esto es una preparación para lo que de pie sería

2.-Uttita Padangustasana. Máxima extensión de la pierna sosteniéndome del dedo gordo del pié. Vaya traducción. Se oye menos acrobática en Sánscrito. Repito la serie una vez más. Relajo. Percibo la armonía entre mis lados.

Flexiono la rodilla y la proyecto hacia fuera, estirando la pierna. Sostengo con la cuerda, apoyando el codo en el piso. Cuento hasta diez y pienso que esta postura es muy fuerte de pie. Y me alegro de que exista esta variación tumbado. Lo único que la técnica pide a cambio es que aquí, mientras se tensiona la pierna al máximo, el resto del cuerpo debe estar completamente relajado. Cosa nada fácil.

Repito la operación por el otro lado. Cuento hasta diez, quince, puuuufff! Relajo.

Mientras esto sucede “Jesús bleibet meine Freude” inunda mi cuarto con armonías que uno debería evocar al encontrarse en medio de un embotellamiento al cuarto para la hora de llegar tarde a cualquier cita.

Es inevitable recordar la primera vez que “pude” hacer completa esta postura. Jalasana. El arado. Una postura que revierte el flujo de la sangre hacia la cabeza, estimula la tiroides, los intestinos, relaja la espalda y, dicen, trae serenidad.

Fue hace diez años exactamente. Estaba en el Campo Marte, en Paris, bajo las arcadas de la Tour Eiffel. Era jueves. Descalcé mis pies y, como muchos otros paseantes, entre ellos, lo recuerdo bien, un oficinista trajeado sentado en flor de loto que comía una típica baguette, me senté en el pasto. Dejé a un lado el libro que leía con tanto asombro “Medicina Natural al alcance de todos” del Dr. Lezaeta Acharán, y lo intenté. No solo eso. Pude. Fue el regalo de Paris. Mi 28 cumpleaños.

Con esa carga anhelante, flexiono mis piernas hacia el pecho para luego estirarlas por encima de mi cabeza. Claro, 11 años de experiencia no se pueden esconder debajo de la alfombra. Pero bien dicen “El joven no sabe lo que puede, ni el viejo puede lo que sabe”. Lo bueno es que estoy en una edad en que casi sé que puedo lo que puedo saber y lo intento. Qué lejanos aquellos días Parisinos. Pero qué cercano el trabajo de esta mañana en este arado de mí mismo que tiene que hoyar indisciplinas y largas complacencias. Y sin embargo, el trabajo existe en esta mañana presente de voluntad. El movimiento de la sangre testimonia. Los ajustes en la respiración invitan a ir un poco más allá, a recuperar, a volver al camino. Relajo. Vuelvo cadera y piernas al piso. Me observo. El faro del restaurante Jules Verne ha cambiado por le plafón de Wal-Mart que alumbra mi habitación. Afuera amanece.

Continúo con el arpegio vertebral de ayer. Hago la torsión del cocodrilo por ambos lados y remato en Savasana. Luego de tres minutos, salgo lentamente de esa postura para retomar mi vertical en la postura fácil Sukhasana. Ofrezco mi práctica al Todo, pidiendo bendiciones. Junto mis manos al centro de mi pecho. Reclino mi cabeza y pronuncio: Namasté.

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3 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

31-03-08

Como me atrasé en la transcripción de la práctica, retomé la del 30, yendo profundo en cada una de las posturas. La diferencia fue que ahora escuchaba a Bach. Es toda una elevación estar en Trikonasana acompañado por los coros de la Pasión según San Mateo. Ah, incluí también Dahnurasana, el arco. Esta postura estimula el sistema nervioso, ayuda a aclarar la mente y genera mucha energía para el día. Es un fuerte estímulo para los riñones. Recostado boca abajo tomo el empeine de mis pies, flexionando las rodillas Con el cuerpo formo el arco que se dobla hacia arriba. Tenso con la cuerda de mis brazos. Abro el pecho. Me apoyo sobre un punto en el abdomen. Inhalo profundo y jalo. Exhalo y suelto.

Para compensar estas flexiones hacia atrás dedico un rato a la alternancia Vaca-Gato-Pez. Si no lo has hecho, te sonará raro. Y más raro empezar a hacerlo, pero es riquísimo. Estimulante y liberador para la columna lumbar sobretodo. Te pones en el suelo en cuatro puntos. Te fijas bien que la abertura entre las manos coincida con el ancho de los hombros, y que la separación de las rodillas lo haga con el ancho de tu cadera. Lo mismo con respecto a los talones. Apoyas los pies sobre los metatarsos. Una vez ahí enderezas la columna y formas ángulos de 90 grados. Comienza el movimiento. Al inhalar estiras el cuello, levantas la barbilla, elongas la columna. Giras la cadera hacia atrás y arriba. Mantienes. Esa es la postura de la Vaca. No sé cómo se llama en Sánscrito. Todo tiene traducción pero esta sería demasiado literal y la idea de los nombres es que pronunciar su sonido se convierta en una clave para penetrar en el significado profundo de la actitud (postura). Y realmente, los efectos que perseguimos en esta serie son menos filosóficos que calisténicos, así es que por ahora no nos dedicamos a descubrir la lección moral de la cuadrúpeda pareja, ni del ícteo Gurú.

Sueltas la respiración para hacer justamente el movimiento opuesto y complementario: Gato. Contraes el abdomen, elevas la espalda, juntas la barbilla al pecho y proyectas tu cadera hacia el frente. ¡Mmmmh! Repites el ejercicio cuantas veces creas necesarias. Yo lo hice unas seis. Despacito. Para hacer el Pez hay que combar la columna un poco para evitar lesión. Entonces inhalas profundamente. Visualiza la línea recta que va de tu cóccix a la coronilla. Entonces al exhalar quiebras la cintura acercando cadera y hombro izquierdo. Ladeas la cabeza, sin girar, siguiendo el movimiento del hombro. Lo mismo del otro lado.

Continúo con la serie del día anterior exactamente igual que como está en el Diario de Yoga 30-03-08. Y eso que no me gusta repetir, eh?

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1 Abril 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

30-03-08

Amanezco con el “Séptimo sol” de Embeleso, título del disco azul de Elysium. No es temprano, pero el domingo amerita gozar la cama un rato más. Desde ahí empiezo a imaginar mi práctica. El deseo de concretarla me levanta. Juego a recorrer mi espalda. Hago movimientos circulares con la cadera. Giro los brazos. Me muevo al ritmo alegre de “Como un niño”. Tres minutos. Fin del calentamiento. Me sitúo al frente de mi tapete.

1.- Uttita Tadasana. Máxima extensión en la postura de la montaña. Elevo mi cuerpo desde la planta de los pies hasta la punta de los dedos de las manos. Ajusto mis hombros. Estiro el cuello. Llevo los brazos por encima de la cabeza.

2.- Padottanasana. Flexión de lado hacia el frente. Lanzo la pierna izquierda hacia atrás, respetando la alineación de mi cadera. Flexiono hacia el frente con los brazos extendidos hacia arriba. Me apoyo sobre el respaldo de la silla y estiro. Siento alinear mis piernas, rodillas, cadera, espalda, hombros, brazos, hasta las manos. Vuelvo al centro. Repito la operación lanzando la pierna derecha hacia atrás. 1 minuto cada lado. Cambio de postura

3.- Uttanasana. Máxima flexión hacia el frente. Estiro mis brazos hacia arriba y flexiono hasta tocar mis pies. Siento el contacto de mis muslos con el abdomen. Con mi pecho. Estiro las piernas. Uf, qué jalón en las corvas. Posiciono las palmas de las manos sobre el tapete al frente, separadas al ancho de los hombros y estiro la espalda hacia abajo y atrás para adoptar la postura de perro boja abajo.

4.- Adho Mukha Svanasana. Alineo mis manos a los codos, a los hombros, a la cadera, y levanto el cóccix hacia arriba, bajo la tensión hacia las rodillas, los tobillos y los metatarsos, flexionando sobre el piso. También se conoce como la postura del triángulo. Recomendada para relajar la tensión de las espalda y de la parte posterior de las piernas. Aprovecho que estoy ahí para proyectar mi cuerpo por entre los hombros, bajando hasta la Plancha. En esta posición tonifico abdomen, piernas, brazos, pecho. Alineo mi columna y cambio a Perro boca abajo. Vuelvo a plancha. Unas tres veces, disfrutando el movimiento profundo de mis músculos. Cambio el disco porque los siguientes tracks no me parecen adecuados para el trabajo. Elijo ahora OSHO NO DIMENSIONS MEDITATION. Unas notas circulares, envolventes, rematadas cada vuelta por un “Shu” que me mantiene alerta. La cítara canta.

Lanzo mi pierna izquierda hacia al frente a la altura de los hombros y coloco el “block” para apoyar mi mano a un lado del pié izquierdo. Estiro la pierna al tiempo que el torso sobre la línea horizontal. Ajusto la pierna derecha, colocando el talón hacia fuera para balancear la cadera. Abro el pecho, elevando el brazo derecho formando la postura de los tres ángulos.

5.- Trikonasana. Me mantengo ahí durante diez respiraciones profundas. Tiempo suficiente para darme cuenta de la relación de mis músculos, mi equilibrio y el rango de elasticidad que puedo pedirle hoy a mis piernas y brazos. Sé que si comiera menos lácteos me dolería menos. Lo tomaré en cuenta en la próxima comida. Me encanta salir de esta postura. Me da la sensación de danzar. Estiro el brazo que está extendido hacia arriba y lo jalo hasta incorporarme en la vertical. Las piernas están separadas. Comienzo a relajar. En una exhalación devuelvo suavemente mi brazo hacia el centro de mi cuerpo, pasando la palma de mi mano por enfrente de mi rostro. Ah! Me incorporo. Junto mis pies y vuelvo a Tadásana. La montaña, para contemplar mi esfuerzo desde la cima.

Repito la operación por el otro lado. Después de 3 minutos vuelvo a Perro boca abajo y hago una nueva serie. Dos, tres veces que se haga una postura es suficiente, si se hace con profundidad y se dedica suficiente tiempo a meditar en ella, dentro de ella, con ella.

6.- Bhujangasana. La cobra. Esta postura la hago con toda intención de atender mis riñones. Me tiendo boca abajo en el piso y coloco mis codos a la altura de los hombros. Me empujo con los metatarsos (huesos de la bola del pie) hacia delante y con esas proporciones, que son las mías y nada más, extiendo mis brazos elevando el tórax, para hacer una torsión hacia atrás. Estiro las piernas y alineo cadera con rodillas, tobillos y metatarsos. Extiendo el cuello todavía más y me permito voltear hacia uno y otro lado para enfatizar aun más el estiramiento.

El nombre de esta postura me sugiere algo bullanguero. Quizás, sea buena mnemotécnia. Las serpientes son bullangueras y pícaras (al menos en las leyendas). Vuelvo a mi postura. Reconozco mis dolores. Saludo a mis músculos activos y... descanso. Repito la operación dos veces más, haciendo respiraciones de diez tiempos cada vez. Para balancear este estiramiento voy a la postura del niño. Otra que tiene en su raíz un atributo infantil.

7.- Balasana. Los niños son una bala, se dice, ¿no? Puedes consultar la instrucción en el Diario de Yoga anterior en el inciso correspondiente a esta postura.

Me recuesto boca arriba sobre mi tapete, con las rodillas flexionadas, tratando de ubicar mis talones separados a una distancia igual a mi cadera. Presiono los músculos de las piernas. Voy subiendo por los muslos, las nalgas y levanto el cóccix. El resto del cuerpo está relajado. Repito y voy un poco más arriba del cóccix, al sacro. Relajo. Retomo el arpegio vertebral y voy subiendo en cada ocasión un poco más por el diapasón de la columna, repasando las vértebras lumbares y dorsales de arriba abajo, de abajo arriba, hasta quedar, prácticamente apoyado sobre los hombros. Entonces construyo.

8.- Setu Bhanda. El puente. Voy construyendo mi serie de manera intuitiva, tratando de escuchar lo que mi cuerpo necesita, asociando libremente las posturas, por proximidad y, quizás, por temática y estética, teniendo la percepción de un discurso armonioso. Como una danza. Procurando no hacer disparates. Esta postura favorece la serenidad y restituye la fuerza en las piernas. ¿Lo ven? El cuerpo sabe que necesita hacer el puente cuando pasa el resto del día sentado y agobiado. Así es que ¡Arriba!

Salgo del puente y adopto la postura del cadáver (ver diario anterior). Tuerzo a la manera del cocodrilo. Mantengo estirada la pierna derecha, como eje. Flexiono la rodilla opuesta y la cruzo hacia el lado contrario. Extiendo el brazo izquierdo, abriendo el pecho. Hago lo mismo del otro lado y me dispongo a relajarme tres minutos en la postura del muerto Savasana (ver diario 29-03-08)

Después de un silencio, suena el cuenco tibetano de Osho en su meditación. Inhalo profundo y me incorporo suavemente. Dispuesto a enfrentar el día con la energía de mi primer trabajo. Hasta mañana.

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30 Marzo 2008

Arte Curativo

Curso-taller de Arte Curativo

Intensivo de fin de semana

La música, la poesía, la danza, el dibujo y una gran cantidad de expresiones simbólicas están al alcance de la mano para el buscador que no se conforma con el lenguaje convencional y siente que lo que lleva dentro merece un medio distinto, acaso más sutil; quizás, más complicado, no importa. Pero suyo. Al descubrir el potencial creativo, se abre la llave a un inmenso surtidor de sensaciones y se refuerza el espíritu de confianza y seguridad. Instituciones educativas y de salud en todo el mundo están incorporando programas de Arte Curativo para mejorar la calidad de vida de sus pacientes, y esto está revolucionando el concepto de la prevención, la curación y el desarrollo humano.

Objetivo

Facilitar el descubrimiento y desarrollo del potencial creativo para sanar, entendiendo ésta como resolver, atender, curar, restablecer no solo a nivel físico, sino en cualquier orden; a través de la creación de imágenes sonoras, visuales y sensitivas que transformen el dolor, la desarmonía o el problema, en equilibrio y paz, favoreciendo el auto-conocimiento individual y colectivo, refinando la calidad de vida de los participantes; transformando el miedo y la desesperanza en confianza y amor.El programa vivencial contempla la exploración de cuatro lenguajes básicos: El sonido, la palabra, el gesto gráfico y el movimiento. Ofrece técnicas y ejercicios sencillos que facilitan el descubrimiento y cultivo del potencial creativo, combinados con prácticas de balance energético, relajación, trabajo corporal y auto-observación. Además, se hará un acercamiento generalizado a algunas de las artes curativas como el masaje, la kinesiología, las flores de bach y la iridología.

Imparte

José Manuel Ruiz Regil (1968) Cuenta con una formación multidisciplinaria que va de la publicidad a la sanación y viceversa, pasando por la música, la literatura y el desarrollo organizacional. Es egresado de Iztac Multiversidad (2000) donde recibió la formación como Terapeuta Holístico, bajo la dirección del Dr. Siegfried Baumbach. Cuenta con la Certificación Internacional como Instructor de Kinesiología Aplicada Touch for Health y es miembro activo del International Kinesiology College (2000).Estudió ciencias básicas en la Escuela de Medicina del Westhill Institute (2001); cursó el diplomado en medicina anti-envejecimiento con el Dr. Joaquín González Aragón (2002). Ha participado en entrenamientos para instructores de Yoga en el Centro Budista de la Ciudad de México, con la maestra Soledad García, Deva Baumbach, y Herta Rogg en Yoga Center. Ha tomado cursos de Arte aplicado a la sanación y es creador del “Estudio de Correspondencias” y del seminario de “Arte Curativo” o “Lenguajes Alternos para la creatividad”, que imparte a particulares y/o empresas, según el caso.

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30 Marzo 2008

Diario de Yoga

Diario de Yoga

29-03-08

Esta mañana se me antoja estirarme. Mover el cuello, abrir los brazos y bailar. ¿Por qué no escuchar los tambores chamánicos de James Asher? Verdaderamente, resuenan en el cuerpo y despiertan al aborigen ritualista que llevo dentro. Considero que debo cuidar las rotaciones de mi cuello y las evoluciones de mis brazos. Evitar la desarticuación innecesaria, pero buscar la soltura necesaria para trabajar el cuerpo. Brinco sobre un pie. Giro sobre mi propio eje. Incorporo contoneos y giros que solo me permito en privado y, en el espacio-tiempo que va de “Send in the drums” a “Red Rythm dragon”, brotan de mi piel pequeños rocíos que me avisan que ya estoy listo para la sesión.

Cambio de disco. Ahora escucho “Las voces más maravillosas del mundo”. Por muy maravilloso que sea Boccelli prefiero no invitarlo a mi práctica y avanzo al track 2. La dulce tesitura de Sarah Brightman acompaña mis movimientos suaves de Chi-Kung para balancear polaridades. Arriba-abajo, izquerda-derecha. Torsión. Inhalo-aprieto-empujo-exhalo. Flexiono sobre las rodillas y recojo con mis manos en cuenco, el agua imaginaria del manantial que es la armonía matutina entre respiración, movimiento y sonido.

Termino mi calentamiento con unas fuertes exhalaciones parecidas al movimiento de “El león”. De golpe hasta el piso. ¡¡Aghhhrrrr!! Me observo. Retomo el ritmo pausado y amplio de mi respiración. Extiendo el tapete plástico sobre la alfombra para amainar el dolor de las rodillas en el piso.

1.-Balasana. La postura del niño. Me llama la atención iniciar con una postura de rendición. Resulta significativo ante la necesidad de volver al centro. Sentado sobre los talones, flexiono el torso hacia delante. Dirijo mis brazos hacia atrás. A los costados. Sobre el piso. La frente topa en el piso también. Todavía hace estragos la cena de anoche. Me ayudo entonces con el “block”, bajo la cabeza, para ganar distancia. Medito. Es decir, me observo plenamente: lo que siento, lo que pienso, cómo percibo mi cuerpo, en qué modifica esta postura mi respiración. Trato de equilibrarla. A pesar de la presión del tórax sobre los muslos, trato de ampliarla. Me quedo un rato ahí. Quizás un minuto, nada más.

Descanso. Nuevamente, voy a la ásana. Esta vez pidiéndome un poco más de flexión. Sintiendo la respuesta inmediata de los músculos, la piel, la voluntad. Paso otro minuto. Cambio al modo activo de la misma postura. Separo las rodillas y estiro mi torso por entre mis piernas hacia delante, llevando los brazos lo más al frente posible. ¡¡Ahh!!, qué descanso. Ya no necesito el “block”. Me percibo. Estoy ahí por tres minutos.

2.-Preparación para una Ardamatsiendrasana futura. Torsiones. Salgo despacio de la postura anterior. Recupero el movimiento de mis extremidades. Me siento con las piernas hacia le frente. Cruzo las piernas y estiro el torso. Busco que mi espalda sea una línea perpendicular con el piso. Estiro los brazos. Al bajarlos, tuerzo hacia la derecha. Imprimo fuerza a la torsión. Apoyo mi mano derecha en el piso. Presiono con la izquierda sobre la rodilla derecha. Cuento diez. Suelto.

Inhalo. Estiro espalda, cuello, brazos. Bajo torciendo hacia la izquierda. Mano y brazo izquierdo guían la espina. Mano derecha presiona sobre rodilla izquierda. Cuento diez. Suelto. Repito el movimiento por ambos lados. Relajo. Me observo. Respiro largo y profundo.

Sentado sobre los isquiones (huesitos al centro de las nalgas) estiro las piernas hacia el frente. Hago una escuadra perfecta. Me ayudo estirando mis brazos que sostienen una cuerda firme, a la altura de los hombros. Flexiono el torso hacia las piernas, estirando la parte interna y posterior del cuerpo, desde los tobillos hasta la coronilla. Quizás, no doblo mucho. Prefiero mantener mi espalda recta. La línea del esternón proyectada hacia arriba y al frente. La barbilla abajo.

3.-Paschimotanasana. La pinza. Flexión hacia el frente. Quizás, una de las posturas más conocidas del yoga. Es verdad. No pretendo eliminar los malos hábitos que se acumulan al centro del cuerpo de la noche a la mañana. Simplemente, le favorezco al cuerpo la intención de equilibrarse. Me ayudo con la cuerda y no me exijo demasiado. Sé que hoy no bajaré la frente a los tobillos. Lo he hecho antes. Quizá, otra vez lo haga. Con intención el trabajo es el mismo. Me quedo ahí. Medito. Me observo. Paso dos, tres minutos. Regreso. ¡Vaya! Parece nada, ¡Cuánto sucede dentro! Descanso. Estiro los músculos de las piernas. Sé que mi sangre está circulando con más fuerza. Que en su paso arrasará con dos que tres toxinas que se encuentre a su paso. Y eso es bueno.

Vuelvo a intentar la postura. 3 minutos. Espalda recta. Bajo como una pinza. Estiro. Deshago delicadamente la postura. Me recuesto sobre la espalda. Estiro desde los pies con los brazos sobre la cabeza. Suena el Ave María. Inhalo profundo. Relajo. Paso la cuerda por el arco del pie izquierdo, y empujo la pierna hasta estirarla completamente, elevándola hasta 90 grados con respecto al cuerpo tumbado en el piso. Mantengo la tensión. Luego de unos minutos, relajo. Lo mismo hago con la izquierda. Un par de veces, lo intento.

Flexiono la rodilla y la proyecto hacia fuera. Estiro a pierna y jalo con mis brazos, la cuerda. Permito que se estire la pierna hacia arriba y afuera, fortaleciendo el músculo Psoas, entre otros. Este, relacionado con la energía del riñón. Intento lo mismo del otro lado. Suelto la cuerda. Relajo.

4.- Janu Sirsasana. Pinza lateral. Estiro la pierna derecha. Flexiono la izquierda llevando el talón hacia el periné. Estiro torso y brazos. Al bajar, tuerzo hacia derecha y me apoyo con las manos sobre el muslo derecho para ejercer aun más presión. Una vez hecha la torsión espinal preparo la cuerda extendida entre los brazos a la altura de los hombros y flexiono torso, estirando sobre la pierna derecha. Sé que no bajaré la cabeza a las rodillas (por ahora), pero intentaré, igual que en Paschimotanásana, mantener la espalda erguida, el pecho amplio, la espina conectada del cóccix a la coronilla, y la barbilla baja.

Salgo de la postura justo en el sentido inverso en que la construí. Me observo. Me preparo para abordar el otro lado. Hago la máxima torsión por la izquierda. Elevo y bajo haciendo pinza sobre la pierna. Un minuto y medio. Dos minutos. Un poquito más. ¡Ahh! Deshago. Me recuesto sobre el piso en la postura del cadáver.

5.- Savasana. Postura de relajación. Suelto las piernas, ligeramente hacia fuera los muslos. Pies hacia fuera. Hombros amplios. Pecho abierto. Brazos a los lados del cuerpo y palmas de las mano hacia arriba, en actitud de recibir. Inhalo profundo. Siento el trabajo de mi cuerpo. Exhalo. Tres minutos atento a mi respiración. Para entonces el Piet Jesu de Andrew Loyd Weber ayuda a hacer de mi práctica una oración. Ofrezco los casi sesenta minutos de trabajo que me dediqué a mi cuerpo. La respuesta es inmediata. Descanso, tranquilidad, paz, energía. ¡¡¡Viva el yoga!!!

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Sobre mí

José Manuel Ruiz Regil (1968) Canta-autor y poeta desde los trece años. Creativo publicitario, guionista y locutor. Alumno del taller de dramaturgia de maestro Hugo Argüelles (1992-1993); cursó el diplomado en creación literaria en la Escuela de Escritores de La S.O.G.E.M. (1993-1995). Ha participado en los talleres de poesía en la Casa de Cultura de Coyoacán, con el maestro Oscar Oliva (1996), en el taller “Las bardas transitadas” del Centro Cultural El Octavo día (1995), en el taller del maestro Oscar Wong (1997). Co-fundador de la cooperativa Cuévano (1994); participó en la “Subasta de escritores” en El Hijo del Cuervo, Coyoacán (1995). Impartió las materias de redacción creativa en la Universidad de la Comunicación y Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación. Autor y conductor del programa radiofónico Caleidoscopio de Vida. Es autor de más de 100 canciones, de los poemarios, Retrato Intermitente (duerto-despiermo), Ediciones Cuévano (1996); Ratos y relatos; Dominio público-dominación privada (chistes en serio,; Motivos de escritura; cuentos para niños, crónicas de viaje; Cantata para la cuerda floja ; Luna en el café con crema; Ficcionerías; La casa por la ventana y otros lugares (Audiolibro/e-book), y editor de la hoja virtual quincenal Galería Urbana. Ganador del segundo y quinto "Slam poetry contest", obtuvo el 2do. lugar en el Slam nacional 2007.

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