Publicidad:
La Coctelera

Variopinto

De esto y de lo otro

Categoría: Crónica

8 Abril 2008

Poesía Conejo blanco

Conejo blanco

30-03-08

José Manuel Ruiz Regil

Domingo. 6:30 de la tarde. Como citados a misa, los feligreses de Adán se aproximan al templo para oficiar el ritual de la palabra. Para quienes el arte es religión, qué liturgia más preciosa la de escuchar el trabajo de cuatro creadores nacionales, cuyas voces al mezclarse generan una especie de sinfonía Revueltiana en cuatro movimientos, iniciando con las pinceladas impresionistas de “Tintura donde nunca amanece”, poema de Adriana Tafoya, donde el paisaje es protagonista y el misterio del tiempo detenido parece garantizar un permanente drama interior. Liviandad retratada en una escena de la Belle Epoque. Esto a manera de introito, pues “Enmugrecido”, retrata la invalidez marginal que se crece al castigo de las calles y construye una utopía en un cajón que es a la vez hogar, transporte, frontera. Sensible al espacio y a la respuesta del público, la autora busca en su legajo el tono más apropiado para sacudir las conciencias del reducido pero ávido público, y poner sobre la mesa su fragancia que habrá de mezclarse con la de ellos tres, otros poetas, si logran percibirla. Y así parece ser.

Hugo Garduño, autor de Luz Parda aporta su canto desde la silla. Con desgarbo pronuncia sus versos para sí y nos deja leerlos a través de su lenguaje corporal. Resignación futurista donde gravita un cinismo muy del urbano. “La estación del desierto”, “lo que vendrá”. De Descifrando el laberinto escoge “Sueños”. En sus imaginaciones Freud y Ciorán beben tequila de Hidalgo y endosan la posteridad a una ramera que amamanta ciegos. “y siempre detrás de ti caminará tu yo, porque le diste olvido” Y enfatiza –como si hiciera falta- con la repetición. Pero no importa porque como declara luego “Gusanera”: “La existencia tiene el don de no sentir”.

La participación de Homenic Fuentes es la crónica de un infierno acercado. Un museo del horror en corifeos. Visiones apocalípticas presentes, realidades paralelas, abismos interiores develados en un viaje Dantesco por los círculos concéntricos de la perversión. Cantos de largo aliento van cimentando las estaciones que preparan al iniciado hacia el sacramento del dolor. Me pregunto si “Las delicias de Torquemada”de Fuentes, abreva o reta a Una temporada en el infierno, de Rimbaud. No puedo aun contestar. Son atisbos apenas. Mas hay una aparente contradicción. Y me pregunto también: ¿Porqué vestir la lectura con una fraseología musical que destella una pátina romántica, pre-maldita tan distinta al fondo y a la forma que propone?

“Poema libre”, de Andrés Cardo, estampa la visión del resentimiento estéril a dos de tres caídas. Con “El equilibrista del puente”une los dos extremos del dilema. Y con “Síncopa en sombra” que da una vuelta de tuerca al momento de la lectura, alertando a sus compañeros a preparar sus mejores cartas bajo la (nalga) manga. “La borrosa geografía del dolor / sé / amargo es el rojo semen de un piano/ Tú. Silencios, tiempos fragmentados que suenan estertores de una auto elegía. “Poema homicida” deja en entredicho la moral cristiana y plantea la posibilidad egocéntrica de morir por amor propio.

La última ronda, como en un Jam musical, propicia el lucimiento individual, sin perder de vista la armonía del grupo, que de manera bastante intencionada cuidaron algunos, y otros, al puro “feeling”, guardaron también. Cierra Tafoya, con un Ave María negra, donde la madre de dios es una hembra lasciva al servicio de los deseos de un creador perverso. Garduño anuncia el pié de su próximo libro “Reposo”. Fuentes se ratifica en su declamatoria sin maestro, persiguiendo un oscurantismo más cerca de lo judicial que de lo macabro. Y del otro lado Cardo nos muestra el ósculo objeto del deseo, con la pregunta de “Poema porno”: “¿Cuánto pesa el cuerpo de un amante cuando pende de un beso”?

Con la imagen del baño rebosante de libros y estantería cultural a sus espaldas, los poetas despiden al público que asistió a la casa de lectura Conejo Blanco, en Ámsterdam 67, esa callecita circular en la Condesa, que algunos nos provoca vueltas de cabeza..

Hasta la próxima.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

8 Abril 2008

2do. Miércoles itinerante de poesía

2do. Miércoles itinerante de poesía en Café Hexen (Dentro de Casa de Mora)

02-04-08

José Manuel Ruiz Regil

Esta suerte de foros contenidos en otros foros a manera de matrushkas escenográficas está resultando interesante. La lectura de poesía en el Teatro de Café Héxen, comparte sus aplausos con el sonido del bandoneón de la clase de Tango en La Carpa. Al mismo tiempo se ensaya una obra en el teatrito “Tespis”, mientras se prepara otro espectáculo en foro del café Bagdad. La cafetería interior ofrece unos pasteles deliciosos que van muy bien con las infusiones de afuera. Todo rodeado de libros, antigüedades, repisas, espejos, mesas de las que cuelga, como en bazar, una etiqueta en blanco abierta al regateo.

En medio de este colorido de telones y las luces ámbar y esmeralda propias de la escena, la pintura de Felipe Gaytán preludia, transludia y posludia lo que será palabra en voz de los poetas. Habíamos visto “Yo nací un día que Dios estaba enfermo II” (II porque el primero es Vallejo) la semana pasada. Esta vez la paleta del artista combina ocres, jade y barriobajo para dar vida a una escena en la que tres personajes masculinos juegan con sus miembros erectos, dejando claro, en el más explícito discurso machista, quien manda. Y por si fuera poco, el título de la obra lo constata: “Armas peligrosas”. (al INEGI me remito).

Con esta atmósfera de autoafirmación de lo chingón abre la noche Mario Dux. Su poesía no sugiere, ordena; no concilia, arrebata. De pie ante el atril repasa sus hojas. Revive los instantes del reclamo. Encarna la resistencia. La sombra del padre Burroghs lo acompaña, como lo hacía en los cafés donde el verso levantaba lo que la guerra había tirado. La sensación de desamparo es la misma. Sólo ha cambiado el escenario. Su locución es iluminada a ratos por ese medio tono entre el panfleto y el predicador, y de pronto es visitado por el Morrison de Horse Latitudes. Dux canta al amor, a la boca seca, a la ausencia siempre presente aún en medio de la bola.

Lo sigue Mario Hernando de Alarcón, quien con una actitud tímida ante el micrófono y ausente del público arregla sus textos por orden de desaparición. Poesía experimental de tintes creacionistas, cuya musicalidad compensa la lectura introspectiva, y va como gasa flotante, arrebolándose en el cuello de los asistentes, subiendo, subiendo en espiral para bajar a ras de piso y elevarse nuevamente y, quizás, volver al remolino de palabras y silencios para construir más tarde un cerro de terrazas, como aquellas donde nace y se cultiva el arroz en oriente. Poema sin su piso. Cielo abierto. Habría que saber que el poeta es políglota y que no se conforma con saber de lenguas romances, caucásicas o dravídicas, sino que además, se ve en la necesidad de crear un lenguaje con el que nos deja una música sonante y despide su intervención.

“Mi padrino Fernando era puñalón” de Ricardo Guzmán, un verdadero homenaje a la escisión entre fondo y forma. Picaresca ajustada con corsé a los metros clásicos. Alburerías machistas de logrado efectismo muy a tono con la obra plástica de la noche. El versificador se confiesa “pepófilo”, (amante de la pepa) como si no hubieran desfilado por el podio suficentes, sólo que ninguno había usado la prosa para hacer poesía, y viceversa. “Wilebalda la insoplable” cosifica a la mujer, con tal descaro que la misma lo agradece. Y así como le gusta al macho pragmático hablar de sus conquistas, en vez de decir aquí nomás mis chicharrones truenan, mira de reojo al cuadro y grita: “¡Ai les va la de hacer gente!”

Noche de tolerancia. Diversidad hecha palabras. Equilibrio perfecto entre el delirio revolucionario de Mario Dux y la procacidad disfrazada de Ricardo Guzmán, quienes encuentran un punto de contacto en el viaje interior de Hernando de Alarcón. Una muestra más de que existen tantas poéticas como individuos, y que ninguna pesa sobre otra. Todas conviven en los miércoles de poesía itinerante de VersodestierrO.

Hasta la próxima.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

29 Marzo 2008

Casa de Mora

26 de Marzo. Casa de Mora

José Manuel Ruiz Regil

El largo pasillo que ocupa Café Hexén dentro del Centro Cultural Casa de Mora, en Tonalá 261 Colonia Roma, remata con rojo telón y tarima donde se enfilan, como “niños castigados”-menciona alguien del público- en una banca sentados, los poetas de la noche. Segunda en la bitácora de Marzo, mes de la poesía, primer miércoles itinerante.

Abre la primera ronda Víctor Manuel Ramírez, con imágenes de los elementos naturales. Atributos al agua, la tierra, al aire y al fuego. Espirales alquímicas que buscan transformar el espacio ordinario en un portal de lenguas renovadas. Le sigue la voz galopante de Omar Soto quien elige un tono oscuro, críptico, retando la propuesta Calviniana de visibilidad en la literatura para el nuevo milenio. Sin embargo, su tejedura de anáforas y aliteraciones regala un ritmo sobre el que el escucha puede montarse y caminar, salvo en aquellas líneas donde uno preferiría leer a tener que traducir los balbuceos viciados que la falta de dicción y la retroalimentación del micro convierten en pastoso sonsonete.

Tercia Lucero Balcazar con “Poemas carniceros”. Ese tono conversacional y su temática ganadera cantan a la carne, el deseo animal que despierta la materia y lo contrapuntea con el oficio sutil de la escritora. Trastoca densidades. Da liviandad al carnicero y encarniza las ideas. El deshollamiento es inminente, la pasión por la carne no se compara con el delirio de la escritura. Más adelante “Corto”, “Acción” y “Cinéfila”, continúan el anhelo de carne y la melancolía del “negro”con que la artista multidisciplinaria cierra su participación, desde un sentido duelo que sabe más a síndrome de abstinencia “...allá en nuestra Cuba”, ¿Cierto?

Heredero de la tradición “beatnik”, Ian Soriano se sumerge en su mecanografía de doble espacio para ofrecer largas letanías de enunciaciones antipódas. Modulado efectismo que por momentos alcanza la voz del profeta y pasa lista a una población de adefesios trashumantes que han trascendido su condición de paradoja y perviven en un tácito absurdo. Poemas de largo aliento que no esconden su anhelo de “malditismo”, aunque en medio del desencanto emerja también la búsqueda del vientre original, el mar. “No soy huérfano de la maternidad del mar”. Imploraciones que son reclamos que son deseos que son ruegos: “¿Por qué no bajan los árboles a rezar conmigo?”

Entre un sorbo capuchino y el tropiezo con el vuelo hechizado de las brujitas de Hexen montadas en su artesanía, retorna la voz a Víctor Manuel Ramírez quien en su segunda, tercera y cuarta ronda hace gala de su camaleónica pluma. Quiere beber de Gorostiza su agua amada y cantada. Sorbe la lección del maestro y balbucea su gárgara. No por falta de oficio, sino por tan ambicioso reto, que para en homenaje explicitado. Sin embargo, pareciérale más natural al poeta la búsqueda urbana. Testimonian “Dos plazas” sus hallazgos ordinarios, sus asombros espaciales, y preferencias arquitectónicas. Plaformas donde ubica habitantes no terrenos, especímenes del cuestionamiento filosófico cuya respuesta poética alivia en tanto que formula otra pregunta.

Las introducciones del autor a su poema, no bastan para desmerecerlo –aunque fuera esa la intención. Omar Soto insiste en que “Formato” es un decálogo, y aunque tiende más al ensayo, para él es un poema. Es tan fuerte la experiencia de la escritura que hay que cantarla, poetizarla, novelarla, ensayarla. Atraviesa siglos de filosofía para evidenciar que, como han dicho los antiguos, y Borges lo confirma: “En el nombre de la rosa está la rosa, y todo el Nilo en la palabra Nilo” . El nombre es la cosa misma. Pero brazo, cuerpo, mano, no se conforman con nombrarse. El poeta nos guía a través de las estructuras anatomo-fisiológicas para transitar de la mano a los pares craneales de nervios de donde surge el movimiento. Lo hace dos, tres veces. Lo cree de veras, pero su lectura lo desmiente. ¿Se apena?, ¿Se aburre? o ¿Se arrepiente? Mas, luego de ese laberinto construye otro con “La posibilidad”. La disertación interior diseña una estructura similar a un cuadro de Escher donde el piso de un verso es el techo del otro, y donde cae una conclusión sube una pregunta. Todo mezclado con ablusiones de realidad virtual y realidad concreta (si es que la hay) en que se asoma a la pantalla de su celular en la narración, para descubrir que se puede escribir un poema numérico. He ahí el dilema Shakespeareano.

El espacio multi-foro, galería, bazar, cafetería, restaurante, carpa y videosala que es Casa de Mora, trasuda murmullos, aplausos, sonidos, de un lugar a otro. Como en un circo de tres pistas suceden las expresiones artísticas al unísono. Aterrizan al Hexen unos aires de tango que aderezan versos emergentes. ¿Coincidencia o sincronicidad? Para deslindar fronteras ofrece un último poema, el bardo. Este de penumbras. “Fronteras” entre el sonido y los ecos, la mujer y el vacío.

Termina la sesión. Los aplausos, el barullo, los avisos. Presente en el silencio “Yo nací un día que dios estaba enfermo II”, título del cuadro del maestro Felipe Gaytán que, como es tradición acompaña los miércoles de poesía itinerante. Del estrado los aedos bajan. Se confunden con la otra poesía.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

29 Marzo 2008

Marzo, mes de la poesía

Tour de poesía. Inicia Botica San Angel

José Manuel Ruiz Regil

26-03-08

La bitácora de marzo de editorial VersodestierrO propulsada por los poetas Andrés Cisneros y Adriana Tafoya, señala la mezcalería Botica San Angel como sede de la primera lectura de poesía itinerante del 2008, en el mes de la poesía. A pocos metros de la Plaza San Jacinto (Jardín del arte) desperezan sus voces del tráfago urbano dos poetas disímbolos. Su dialéctica fraterniza en la admiración recíproca, y en el feliz acaecimiento de la presentación de sus poemarios.

Delirium Videns, de José Miguel Lecumberri, más que una plaquette que se leyera, quisiera ser un carrete elegíaco de leyendas cinematográficas proyectadas sobre la pantalla memorable del amigo ido. Imágenes a partir de otras imágenes que sugieren imágenes. La poesía está en el canto. Dos, tres poemas arrebatados al tiempo cantan la poesía de la lente, a los personajes y sus leyendas, a las historias entreveradas y a las anécdotas que no registra la pantalla.

Letras vencidas, cartas marcadas, de Juan Carlos Abreu y Abreu, sarcófago de intimidades compartidas, no con impudor, sino con la veladura oficiosa de un alma arrestada en el Samsara, que de tanto rodar canta al hastío, al desconsuelo, la incertidumbre y la congoja, con aliento templado de gresca espiritual. Y sin embargo, no solo mantiene la belleza del misterio, sino que además la muestra con sobrada compasión y un dejo de asumida derrota “...heme aquí, nunca supe transitar del desconsuelo a la esperanza”.

Embebidos de una luz verde-ambarina, los asistentes a Botica San Angel demandan sus remedios a los brujos de la palabra, a los chamanes del verbo. A sus espaldas, la vitrina reflejante exhibe sus esencias en diminutos frascos multicolor. Destella luces que han de chocar con el sonido emanado de los vates. Se asoman parroquianos al 10 C de la calle Francisco I. Madero. Escuchan. No comprenden. Miran. Sólo ven. Intervienen. Preguntan. Desconciertan. Apenas se acostumbran a entender que sí, allí, junto al mostrador, delante de tanto pomo hay un par de poetas disímbolos, comulgando con la palabra.

Abreu despliega su ofrenda ritual de fatalidad; trasciende su vocación de avatar y narra los efectos de una rendición ontológica, cantando unas “letras vencidas” cual irrefutables plazos de destino. Con el desconsuelo de quien recuenta los daños para descubrir que “no era necesario” casi nada, porque al final, ni la muerte acaba.

Lecumberri, excusa confusión y se suma al canto de Abreu demostrando su todavía más afortunado aliento ensayístico para hacer exégesis de las marcadas cartas de su compañero, y fungir como inductor inspiracional, atando a los versos cabos de genealogía, a la indómita voz que trasciende los ciclos.

Transcurre la noche entre el Delirium de Lecumberri y las muescas mánticas de Abreu.

El local verdepistache se imanta de poesía. Canta el distintivo maguey de acrílico sobre fondo rojo. La rockola carraspea de nuevo un CD Comensales intrusos al ritual del verbo se imponen con ordinaria sordera. Pareciera que nada pasó. Es invisible el poder evocado. Todo será desvelado en la lectura. Box Populi, la Colección.

servido por jmrr 1 comentario compártelo

25 Marzo 2008

XVOTO

José Manuel Ruiz Regil (de Autorretrato)

En la parte superior del retablo aparece una imagen divina sobre un fondo azul cielo nuboso. El demiurgo tiene los brazos extendidos hacia fuera y abajo, en actitud de verter los dones celestes sobre el mundo. Inferior a ésta, y del lado izquierdo de la lámina, descansa sobre pedestal algodonero, menos radiante y más sólida, la figura compasiva del niño de la salud, con su báculo de sanación en la mano derecha, y su ropón inmaculado, cubriéndole los pies. Dirige su mirada abajo a la derecha, sobre la simple representación de una cama de hospital en la que yace un niño como de cuatro o cinco años, de cabello oscuro. Sostiene con su mano derecha una pantalla de plata enmarcada en rojo. Sobre las esquinas inferiores dos perillas blancas que al moverlas trazan líneas escalenas: Souvenir de tía para estimular la creatividad en tiempos de convalecencia.

El suero gotea gradualmente de una botella de cuello invertido colgada al lado izquierdo, sobre un pedestal. Viaja a través de una manguera transparente, conectada a una aguja que penetra su antebrazo y lo mantiene inmóvil. Bajo la sábana blanca se adivina el trayecto de una sonda conectada a su riñón izquierdo, que termina en el piso con una bolsa semitransparente llena de un líquido turbio amarillento.

Alrededor de la cama hay varios personajes pintados sobre fondo beige hospital años setenta. Todos dirigen su atención hacia el infante. Un hombre maduro, vestido con camisa blanca y chaleco gris con botones recibe en sus manos una pistolita de juguete que el niño le da, al tiempo que aparece sobre su cabeza un globo de texto como de comic, donde se lee: “mátalo tú”. Los ojos cansados del niño se dirigen a la figura del doctor que los acompaña. Este se muestra sorprendido.

Hacia arriba del lado derecho de la cama, sin guardar proporción alguna ni perspectiva, y como flotando en el aire en una escena atemporal, se encuentra el trazo desdibujado de una mujer con falda café y suéter beige con el cabello recogido en un chongo arriba de la nuca. Está sentada en una silla. De su brazo izquierdo extendido brota un fino hilo de sangre que va a dar al brazo derecho del niño. Junto a ella, como parte de los elementos que componen la escena alrededor del paciente, una joven de larga cabellera castaña recogida en una cola de caballo, se asoma pícara bajo el capelo que resguarda la zona púdica del recién operado. La coloración rosácea del rostro infantil no sabemos, entonces, si es por reflejo del encarnado marco de su pizarrrón mágico o por el rubor que le provocó la broma adolescente.

Bajo la cama no hay piso definido. Se ubica un plato con un vaso que contiene un huevo cuya yema está manchada de negro y sangre. Junto a éste un ramo de ruda y romero usados en un ritual de magia blanca. Al frotar con el dedo en esta zona, el espectador puede percibir un suave olor alcanforado.

Ocupando la mayor parte del cuadrante inferior izquierdo se representa una lámina didáctica de riñón en corte sagital que permite ver su interior. De la pelvis renal nace un uréter que se enreda sobre sí mismo y baja en serpentina hasta invadir el tercio inferior de la representación. En el interior de los glomérulos del riñón se representan varias escenas del viaje a Morelia que hizo la familia como ofrenda al Niño de la Salud. En una escena se aprecia la fachada de la iglesia con la familia reunida en el atrio. En otra una pareja se encuentra orando a los pies el altar. En una más la figura de un hombre - se presume el padre- recorre el pasillo central de rodillas hasta el altar con el niño en brazos. Otra más representa al niño tendido sobre una plancha de aluminio. En otra más que tiene como fondo el hospital del Centro Médico, una enfermera le introduce una sonda por la uretra. El rostro del niño expresa miedo, coraje y dolor. A su lado una mujer embarazada muy delgada, vestida de rojo, sostiene sus manos entrelazadas con fuerza.

Alrededor de estas escenas y por fuera del esquema del riñón se ve al niño rozagante, feliz montado en una bicicleta de color azul marino con manubrios altos. Con una indiferencia propia de su edad asimila el apéndice y cuelga la bolsa de la sonda por encima del hombro como si se tratara de una bufanda que le estorba para divertirse.

En la porción que corresponde al octavo inferior del icono, dividida por una línea dorada, con letras blancas sobre un fondo oscuro se lee el siguiente texto escrito con caligrafía de niño y afectada intención de mala ortografía: “grasias a dios y al niño de la salud que pusieron en las manos y en la inteligensia del doctor gomes regera y el doctor villalba las abilidades necesarias para salir adelante con mis operaciones, y también a mis papas, mis abuelitos y toda mi familia que tanto resó para que yo me curara. Manolo”.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

25 Marzo 2008

Después de vivir

Después de vivir

José Manuel Ruiz Regil

18 –03-08

Murió Donato Sierra. Así firmó su obra en el último período. Es raro. Saber con certeza que no pintará más. Tanto como saber que lo hizo siempre. Aunque no fuera con pincel, sino con la mirada, con el recuerdo de lo mucho visto, con el genio de lo posible, con el cinismo del “¡Qué chingaos!”. Su mirada sagaz logró captar la temporalidad del infinito; su diestra zurda trazó la levedad de la tragedia; su amistad generosa, abrazó por encima del tiempo los afectos, sabiéndolos ciertos, aún en las ausencias. “Nos veremos antes de morir”, predicaba.

Viejo lobo de mar al que ninguna tormenta venció, ni siquiera dos embolias, tres pulmonías o un infarto. Su voz cavernosa de marino avezado afirmaba “voy a salir de esta nomás por joder. Porque soy necio”. Preparaba el pincel de aire para practicar en su convalecencia, haciendo Lilis en la cenefa de su sala. Jugaba a escribir al revés, como Da Vinci, para leerse en el espejo. Cosa que le daba un placer infantil que contagiaba. Ya había llenado las paredes con visiones de lo cotidiano, resaltando con malicia aquel detalle que desmantela los dobleces de la moral, el sinsentido de la rutina, el guanteblanco a la academia, lo ridículo de la pretensión, lo anodino de lo populachero, la exquisitez de la inocencia, la metafísica del albur, la pasión y la muerte, afoljándole el mango a la guadaña.

Nostálgico de la belleza, admiraba a García Lorca. “Nos lo mató el pendejo de Franco”. Aludía al cante jondo con anhelo vivificante de otras épocas. Gustaba del Jazz y del blues y de la chela como de un divertimento apenas superior al de hacer quinielas y apostarle al Cruz Azul. Guardaba bajo el brazo un arsenal de trucos prácticos de diseño, arquitectura, cocina y otras artes, dignos del más alto ingenio mexicano, recogidos en sus migrantes mocedades. Oriundo orgulloso de la Morelos, apostaba “miracabrones” desde la atalaya de su ego para defender su dignidad de artista lo mismo que velar su bonhomía y sabotear cualquier atisbo de falsa ceremonia.

Ocurrente, dicharachero sin florituras, ingenioso jugador de las palabras. Parco y punzante. Pintó, grabó, talló, esculpió, ilustró, intentó negocios y, como buen artista, fracasó, volvió a pintar, a dibujar, a bocetar, a modelar la materia –esa que como la suya sólo se transforma-. Siempre estuvo convencido de que en la vida “lo único que puedo perder es dinero”. Porque todo lo demás es ganancia. Derrochó su divisa cual magnate.

Comentarista de lo inefable con “jiribilla”. Necio gozoso dispuesto a empezar de nuevo todos y cada uno de los días. Aún ese en que no despertó más, por quedarse extasiado en un sueño del que no volverá. Ignacio Donato Islas Sierra. Amigo. Hermano. Maestro. Colega. Nos volveremos a ver, después de vivir.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

15 Enero 2008

La era de la dependencia o “pobrecito mi patrón...”.

“De que le sirve al hombre ganar le mundo, si pierde su alma” Mateo

Sostengo mi idea de que la tecnología, por muy avanzada que esté, simplemente (sin menosprecio) es una sombra, en el sentido platónico del término: ejercicio práctico de las posibilidades del ser, que como afirma la filosofía perenne, se dice de muchas maneras. La ciencia, la electrónica, la cibernética, la mecatrónica y todo lo demás del mundo fenoménico son herramientas que al ser desarrolladas por el cerebro humano despiertan y aumentan sus posibilidades y enseñan a dominarlo. Pero hay un peligro: en esta capacitación podemos distraernos con los juguetes y confundirnos; engolosinarnos con el medio y perder de vista el fin; olvidar que todos esos resultados los podemos obtener aún sin ellos. Teléfonos, cámaras, grabadoras, motores, microscopios. Como es arriba es abajo, reza la máxima hermética; como es adentro es afuera. Todo el universo está contenido en una sola de nuestras células. Lo demás es extensión de los sentidos. Privilegiarlos puede hacernos ganar el mundo; ¿y el alma? ¿Qué hacer con la experiencia infinita del alma y sus múltiples intuiciones y sinrazones? ¿Dónde queda el pensamiento de Pascal cuando advierte que “el corazón tiene razones que la razón no conoce”¿Habrá que supeditarlas a lo concreto, comprobable, predecible y razonable que ha vuelto nuestro mundo la Señora Hi Tech? Pareciera que a mayor dependencia tecnológica menos autonomía, más miedos, ataduras y apegos.

Estilos de vida fundamentados en proveer seguridades y mantenerlas, para luego supervisar su funcionamiento y asegurarse de que las cosas están donde deben estar y que no se mueven; nadie las mueve; y si sucede, poder desplegar todo un operativo para volverlas a su lugar y castigar, azuzar, atrapar o condenar a quien osó, no robar lo propio, sino desconectarnos de donde no acabamos de llegar por seguir estando acá; de quitarnos la posibilidad de seguir espiando nuestra ausencia.

Dejamos los coches estacionados con las alarmas puestas, y el alma la colgamos de un llavero, pues al menor pitido brincamos para asegurarnos de que la seguridad que dejamos no fue violada y el carro, la casa, la oficina o el negocio está, efectivamente, seguro donde lo dejamos. Buscamos las pequeñas y concretas certezas a falta de las grandes y escurridizas verdades.

Me llama la atención ver que ya casi no hacemos acuerdos voluntarios, ni bajo riesgo propio, sin antes hacer uso del celular para preguntar, validar, pedir autorización, confirmar, consultar, endosar, embarcar, deslindar o cualquier cosa que se le parezca a esta burocratización de la libertad. Ella prefiere, en vez de llegar a casa y estar sola, confirmar que él también va para allá. El aprovecha que ella todavía no llega para pasar a comprarle unas flores, pero la tentación de asegurarse que le dará gusto lo llevará a marcarle para preguntar: ¿Rojas o amarillas? Seguridad vs. Sorpresa. “Quería pasar a verte, pero mejor te mandé un mail”. “No puedo pagarle su defensa mi jefe, déjeme llamarle al dueño y ai se arregla usté con él”. “No puedo pagarle hasta que me paguen a mí, por cuestiones de orden administrativo, ¿sabe?” “Todavía no liberan el recurso. Se calló el sistema” “Mejor esperamos a que llegue el jefe, no vaya a ser”. “No podemos darle ese servicio, tenemos que comunicarnos con el gerente de zona”. ¿Y quién toma riesgos? ¿Quién decide por sí mismo? ¿Quién está dispuesto a no ser despedido de su autonomía? No bien acaba de bajarse el agredido de su coche cuando ya está rezando en su teléfono celular, pidiendo ayuda, llamando al “super 01 800” que todo lo posterga.

Al menor síntoma de enfermedad, se botan los seguros de gastos médicos, cuyo deducible, a veces, resulta más caro que la consulta unitaria con el médico familiar. Sí el recomendado de la tía Chole, no el del hospital de primer nivel (medicina general). Pero eso sí, la garantía de un buen hospital que te diga que no tienes nada, que con dieta blanda se te quita, bien vale el gasto.

Hemos aprendido las leyes de la física, de la química y de la biología. Sabemos cómo funcionan las cosa, tanto que nos hemos cosificado también. Hace unos días escuchaba a un trío de “señoras” (veintitantos) hablando de sus maridos como si fueran autos último modelo. Y ellas corredoras de bolsa en Wall Street.

Si es verdad que la mente precede a la materia, ¿no sería atractivo aprender a construir actitudes constructivas, respuestas sanas, proyecciones mentales armoniosas que generen confianza en un orden de cosas más afin a nuestra esencia y valernos de los aparatos y sistemas como lo que son: informadores auxiliares, amplificadores de lo que por nuestra desconexión con nosotros mismos no podemos conocer?
¿Por qué hacernos a un lado y dejarles el poder como perceptores básicos que distorsionan, deshabilitan y sesgan el flujo natural de la sabiduría interna, dejándonos en la zozobra porque se nos acabó el crédito, la pila o se fue la luz? Propiciemos el uso racional de las cosas, antes de que las cosas abusen de nuestra razón.

servido por jmrr sin comentarios compártelo

8 Enero 2008

Los deseos de Tete

De la trilogía del director Catalán José Juan Bigas Luna (Jamón, jamón, Huevos de oro, La teta y la luna) este último filme (1994) destaca como una obra maestra de sensibilidad. Erotismo contenido que combina la fantasía animista de un niño que negocia con la luna un poquito más de infancia para recuperar los mimos de su madre; el despertar sexual de un adolescente y su experiencia cercana con la muerte como dos presencias que expresan la pugna entre Eros y Tanatos, y la todavía rebelde resignación del amor maduro, al que no le importan los escarceos secretos de su esposa con un chaval, sino cómo afrontar su incipiente impotencia, la cual sublima a través de una demostración de poder en un espectáculo circense donde tira dardos de manera poco convencional.

Este elenco en torno a la teta de “Estrellita” (Mathilda May) va cobrando gravedad en una trama distorsionada por los ojos vírgenes de la voz narrativa: Tete (Biel Durán). Aparente perversión que limpia de prejuicios y resignifica los objetos y los actos creando una atmósfera real-maravillosa generada por la necesidad de satisfacer un deseo primario. Desbordada paleta poética que ilustra claramente el magnetismo que ejerce sobre la psique masculina el mítico seno femenino (grial, topos uranus, Arcadia de realización) para plantearlo como la Itaca soñada, destino y recompensa; acicate y conquista, e ilustrar, en esta intimidad, el mito del eterno retorno en los ciclos humanos; por metonimia, esta vuelta a la matriz que es guarida, fuente de seguridad.

A través de este viaje iniciático por la imaginación y los afectos, (no sin la complicidad deliciosa del abuelo) el infante resuelve su conflicto, que no sólo es la satisfacción de su íntimo deseo, sino la aceptación de su realidad y la continuación de su crecimiento, al acceder a una nueva etapa de autoafirmación en su vida a partir de la victoria dentro de los códigos de la tradición local-familiar.

servido por jmrr sin comentarios compártelo


Sobre mí

José Manuel Ruiz Regil (1968) Canta-autor y poeta desde los trece años. Creativo publicitario, guionista y locutor. Alumno del taller de dramaturgia de maestro Hugo Argüelles (1992-1993); cursó el diplomado en creación literaria en la Escuela de Escritores de La S.O.G.E.M. (1993-1995). Ha participado en los talleres de poesía en la Casa de Cultura de Coyoacán, con el maestro Oscar Oliva (1996), en el taller “Las bardas transitadas” del Centro Cultural El Octavo día (1995), en el taller del maestro Oscar Wong (1997). Co-fundador de la cooperativa Cuévano (1994); participó en la “Subasta de escritores” en El Hijo del Cuervo, Coyoacán (1995). Impartió las materias de redacción creativa en la Universidad de la Comunicación y Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación. Autor y conductor del programa radiofónico Caleidoscopio de Vida. Es autor de más de 100 canciones, de los poemarios, Retrato Intermitente (duerto-despiermo), Ediciones Cuévano (1996); Ratos y relatos; Dominio público-dominación privada (chistes en serio,; Motivos de escritura; cuentos para niños, crónicas de viaje; Cantata para la cuerda floja ; Luna en el café con crema; Ficcionerías; La casa por la ventana y otros lugares (Audiolibro/e-book), y editor de la hoja virtual quincenal Galería Urbana. Ganador del segundo y quinto "Slam poetry contest", obtuvo el 2do. lugar en el Slam nacional 2007.

Fotos

jmrr todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera