El gameto explorador
Un espermatozoide con ínfulas de conquistador se despierta muy de madrugada con la firme intención de salir a explorar zonas remotas del cuerpo humano. Carga su mochila, protege su cabeza con un casco y gogles especiales, se calza una bota de montaña al final de su cola y se desliza por los fluidos orgánicos, resuelto a enfrentar lo desconocido.
Lo primero que encuentra es a un par de amigos botijones con boinas de gallego, bebiendo cerveza. –¡Hola! Soy gameto, y recorro el cuerpo en busca de nuevos horizontes, ¿Ustedes quienes son? –¡Soy riñón! –gritan al unísono, orgullosos. Y un fuerte hipo les quita el aliento.
-Un par de riñones. ¡Qué bien! ¿Y a qué se dedican? – pregunta gamento.
-Filtramos la sangre del cuerpo.
El gameto apunta en su bitácora de viaje algunas observaciones, da las gracias y se despide de aquellos borrachines que quedan en la fiesta.
Su siguiente encuentro es con un señor de enorme abdomen, que a esa hora practica ejercicios de elasticidad.
-¡Hola, soy gameto! ¿Y tú? –pregunta al desconocido.
-Soy estómago. Recibo toda clase de alimentos para comenzar su digestión.
-¡Muy bien! –continúa gameto. ¡Tú sí que te das la gran vida, eh! Recoge su mochila y sigue su camino por el torrente sanguíneo.
A media tarde, un poco hambriento se desvía por las arterias de baja velocidad y llega a un bosque hermoso, con enormes árboles. El viento alrededor es bastante intenso y dificulta el camino. El pequeño explorador se sienta para descansar un rato sobre el suelo húmedo, y saca de su mochila un exquisito emparedado de cajeta. Da un par de mordidas a su alimento, ve el paisaje en derredor y grita: -¿Hay alguien aquí?
Una fría tormenta interrumpe su almuerzo y, en medio del estruendo se oye una voz clara como un viento. –Sí.
-Soy gameto, y recorro el cuerpo en busca de nuevos horizontes, y ¿tú quién eres?
-Soy pulmón.
-¿Y qué haces?
-Gracias a mí y a mi hermano gemelo este hombre puede respirar. Somos la entrada de oxígeno al cuerpo.
-¡Wow! ¡Qué maravilla!
Pulmón comienza a platicar con gameto acerca del smog y el cigarro, y que si la salud y el aire puro, y se enfrascan en tremenda discusión, hasta que se hace de noche. Recuerda que sus espermanos lo esperan para la cena. Recoge sus cosas rápidamente y abandona el bosque sin despedirse. Toma la primera vía rápida que encuentra, sin saber que va en sentido contrario a su casa. Pero se da cuenta cuando escucha un ruido ensordecedor de tambores. Piensa entonces que está en peligro. Quiere tomar otro camino, pero la fuerza de la corriente es muy grande. Hasta que llega a la entrada de un salón de baile con un letrero luminoso donde lee: “las puertas del amor”. Con mucha descofianza, no sin poca curiosidad entra y, en medio de los tamborazos tropicales, le dice al encargado de seguridad que lo lleve con el dueño. Una vez frente a él se presenta como lo hizo antes con los demás partisanos.
-Mucho gusto amiguito. Yo soy corazón.
-¿Y qué haces? –sigue la entrevista gameto.
-Yo, ¡Palpito! Responde el órgano con gran generosidad.
En ese momento los ojos de gameto se llenan de esperanza. -¿De veras? –Se acerca al corazón, haciéndole ver lo tarde que es para regresar, y lo lejos que está de su casa allá al sur, así es que le dice: -disculpe usted, sin que parezca un abuso de mi parte, ¿me podría dar un aventón?
